viernes, 12 de febrero de 2010
"La dama y la muerte". cortometraje
El corto es fantástico.
jueves, 11 de febrero de 2010
El eco metálico
En la oquedad de mi armario de madrugada
me seduce el eco metálico de las perchas de alambre
martilleando sobre sí mismas
al descolgar mi ropa...
Y las luces de mi calle brillaban
de una manera diferente
tan distinta a la que dejé anoche dibujada desde mi ventana.
En el silencio de hoy, es el canto nítido de los mirlos
la melodiosa música que acompaña mis pasos
sumiéndome en la dulce melancolía
que da sentido a mi vida.
Voy camino de mi trabajo
dispuesto a empezar un nuevo día
pero a la vez
deseando gozar de estos momentos eternamente.
Y entre tanto las sombras
más vivas que nunca
parecen dormitar sobre las aceras,
sobre las calles, sobre las paredes,
dejando apenas espacio para la luz de las farolas.
Todo cambia y se detiene
y se detiene y cambia
y yo sigo disfrutando de esta madrugada
tan distinta
que con inusual placidez
despeja mi vieja incertidumbre de quien soy...
Y me dejo llevar por los sonidos de las perchas metálicas,
por el canto de los mirlos al amanecer,
y por el silencio que hay en cada sombra
vagando dentro de mí.
Satori 11-Feb-2010
martes, 9 de febrero de 2010
Con ellos llegó el escándalo
Escuché aquel “Starman” esta mañana mientras conducía y, nada más llegar a casa, me puse a buscarla en imágenes. Este era Ziggy, “el que tocaba con la mano zurda improvisando con Weird and Gilly, The Spiders from Mars”.
Por algo será que estos serán siempre mis favoritos... con el permiso de sus Satánicas Majestades, claro está.
Y este... Elvis por primera vez en televisión,en 1956
The Beatles en el Show de Ed Sullivan en 1964. El resto es historia...
jueves, 4 de febrero de 2010
El Rincón del Cinéfago.
"En tierra hostil". Usa.2009
Directora: Katherine Bigelow
Ver de cerca la muerte más espantosa para sentirse lleno de vida. Un puñetazo en la boca del estómago que corte la respiración y a punto del estertor, aspirar una enorme bocanada de aire. Un chute de adrenalina al doblar cualquier esquina que te convierte en un yonki necesitado de la próxima dosis. No poder fiarte de nada ni de nadie. Sentirse cómo en un el cálido hogar pisando tierra hostil.
Estas son las sensaciones que marcan los 365 días del artificiero James desplegando su misión en Irak; y lo mismo nos hace sentir la directora de esta película, Katherine Bigelow (ya nos ha demostrado en otras pelis que le va la marcha), rodada de forma claustrofóbica, de imágenes febriles abusando de la cámara subjetiva y situaciones cargadas de tensión y crudeza.
“En tierra hostil” documenta los últimos 28 días antes del reemplazo de la compañía de artificieros norteamericanos Bravo, por las desoladas pero amenazantes calles irakies; donde es igual de sospechoso un señor de bigote y nariz aguileña que se acoda en un balcón, que un niño que vende deuvedes pirata.
Esta historia bélico-psicológica recuerda a otros retratos del género como “Apocalypse now”- aunque no esté, ni de lejos a la altura de la gran obra del señor Coppola-, “La chaqueta metálica” (otra insuperable) o “Jarhead” (demasiado reciente para ser considerada clásico, aunque tiempo al tiempo). Muchos han visto, o han querido ver, en esta película una crítica frontal a la invasión de Irak y al cuerpo de la armada norteamericana. Confieso, que en caso de existir, a mí no me ha llegado ese mensaje disidente. Resulta, sin más, una película sobre la guerra: su día a día y sus protagonistas.
R.M.V.
miércoles, 3 de febrero de 2010
El Vochito. La triste despedida
A falta de dos partes de "El Bazar de los Sueños", he vuelto a retomar el relato inacabado de "El Vochito" al cual le quedarán veinte páginas de cincuenta. Luego, y como ya les comenté a alguno de los hedonistas, espero poder presentarlo en algún concurso. Pero antes, quiero compartir un trocito con ustedes, para hacer que el blog siga tirando pa´lante...
En esta fragmento, Jesús Mendoza rememora, en la carretera en dirección a su ciudad natal, Guadalajara, la amable despedida de los curiosos vecinos de su barrio. Esta parte está construída, sobre todo, gracias a una genial idea que tuvo "El Director".
El Vochito. Fragmento de la segunda parte.
El cuello tieso como el palo de una silla, un trasero insensible, y dos brazos acalambrados fueron el resultado de una hora seguida de paisajes rectilíneos y campos sembrados de maíz y monotonías en la autopista hacia Toluca. Con un suspiro de resignación y una paciencia innata trabajada en la ciudad del caos, el taxista siguió sin parar hasta dejarse atrapar por la sombra de "El Nevado de Toluca". Esto le bastó a Jesús Mendoza para confirmar que no todo volvería a ser lo mismo, que no se reemprenderían las viejas amistades, y que reanudar de nuevo su vida en otro destino, no tenía el mismo aliciente que cuando joven llegó a la capital, hambriento por comerse el mundo. En ese mismo día, al salir de casa de Prudencio Vargas, vio a todos sus vecinos asomados en puertas y ventanas, o sentados en la sucia acera con sus andrajosos pantalones y sus limpios rostros que reflejaban una humildad de ojos claros y buen corazón. No podía creerse que él, sin ser popular ni famoso, y siendo poseedor de una cualidad inherente de pasar desapercibido cuando quería, fuese causante de semejante alboroto, en un bullicio ensordecedor que enloqueció a las palomas que ya nunca volvieron, y con las miserias dibujando la pobreza en cada esquina del barrio. Muchos años después, rememoró el jolgorio desorganizado, las rosas en el techo de su taxi de un amor imposible de rostro repelente llamado Rosarito, la mirada fija y penetrante de Esperanza Méndez llegándole hasta el alma descubriendo todos sus secretos, y todo, el día en que se marchó para siempre de su barrio, escribiendo en las huellas de su coche, la marca de un adiós eterno.
La señora que siempre vivió debajo de su piso, Fernanda, le sonreía desde la ventana levantándole la mano, moviendo sus jugosos pechos al compás de su estridente sonrisa, que espantaba al periquito que tenía en la cocina matándolo casi de un infarto, e incluso a sus amigas que, encomendándose al divino para que le bajase el volumen de tan prodigiosas cuerdas vocales, se tapaban los oídos para no volverse locas. También vio al hijo de ésta, Pedro, al que llamaban Pedro Sonriente. Era un chico que, a todo en la vida le respondía siempre con una sonrisa, encandilando de felicidad y dinero por el módico precio de una sonrisa. Aunque, esta vez, y que recordase Jesús desde hacía años, nunca lo había visto tan serio. Casi ni lo reconoció. A su alrededor, todos mostraban sus rostros mustios y desdichados, y es que, haciendo honor a su indiscutible gesto, a Pedro le conferían la gracia divina de hacer felices a todo el que lo rodeaba, y convertir en desgraciado al que estuviese junto a él en sus tristes y graves crisis de amargura, que solía ser en los días de tormenta. Cuando las primeras gotas caían en la época de lluvias, su madre lo dejaba encerrado hasta que escampara y no pusiera en peligro a ningún vecino, y provocara depresiones y tormentos a todo aquel que quedase hipnotizado ante sus muecas del demonio.
Divisó a Andrés, el electricista que cayó una vez de uno de los postes de la luz a causa de un rayo. No hace mucho, lo llevó rápidamente al hospital, cuando nadie se ofreció, porque decían que al tocarlo te electrocutabas y agonizabas en una muerte desgraciada. Desde ese día, Andrés estaba facultado con la chispa divina: a todo el que tocaba, le irradiaba energía, fogosidad y dos días de insomnio. Y allí estaba y así lo recordó Jesús, en el mismo poste del accidente, gritándole adiós, deseándole que miles de chispas iluminasen su camino.
Y detrás, llegó corriendo por primera vez en años, Antonio Bermúdez, un hombre orondo que casi ni podía caminar, y mucho menos correr. No quería dejar de saludar a su amigo Jesús, así que, sudando y resollando y recorriendo su maratón de cincuenta metros y a punto de asfixiarse, lo hizo parar, dándole el gesto amistoso de su mano rezumada de sudor, y deseándole mucha suerte entre jadeos incontrolables. Jesús no lo entendió, pero le agradeció igualmente el gesto con una sonrisa. Luego cayó al suelo, y ahí se quedó hasta que lo socorrieron y lo abanicaron, espantando a la asfixia que casi hace venir al cura para el sepelio. Las sonrisas y los adioses empujaban a su vochito sin la necesidad de motor ni gasolina. Entre los chispazos de Andrés y la risa estridente de Fernanda, el taxista salía casi llorando del barrio que lo vio crecer como persona. Al salir de las calles donde se había escrito casi toda su vida y de las que conocía cada palmo de mierda y penurias, se comparó con Cantinflas, en la parte final de la película “El Padrecito” cuando todos fueron a despedirlo en la plaza del pueblo, antes de coger el bus con destino al cielo.
lunes, 1 de febrero de 2010
O vello árbore
O vello árbore
Cedo na mañá
vin a sombra daquel vello árbore,
xa podía oír os paxaros que todos os días
trinaban apenas amencer,
varias das súas follas secas daban un toque especial á beirarrúa
parecía que todos os días poñía unha alfombra diferente,
un mosaico de cores marróns de distintas tonalidades,
cantas veces me cobijé da choiva baixo as súas ramas
e apoiabámosnos costas con costas
detendo o tempo ao ler un libro xuntos.
Pacientemente espérame todas as tardes
ao volver do colexio
e eu, saudáballe
dáballe as grazas por ser o que oxigenaba
e daba vida á miña rúa,
sempre tivo un momento grato para min,
nunca tiña présa,
fíxome entender o valor tan profundo
que teñen todos e cada un dos seres vivos que habitan
este desvencijado planeta,
loitou como un jabato contra a enorme lingua negra de asfalto
que empezou a crecer ao noso ao redor,
e aínda podía o só contra iso,
moitas veces, varios homes viñan a repavimentar os seus alrededores
porque el coas súas poderosas raíces, se rebelaba
e quería facer entender que o estaban afogando...
Hoxe cedo na mañá
vin a sombra do vello árbore, só a súa sombra,
hoxe, o habían talado.
Satori
domingo, 31 de enero de 2010
Alerta amarilla

El fin de semana 30 y 31 de enero había alerta en Canarias por la borrasca. Pero en Lanzarote amanecimos el sábado con los cielos despejados y sol espléndido, por lo que aproveché para poner más de cuatro lavadoras…Luego me subí en la moto y me fui hasta Órzola. Por la tarde me dio tiempo a ver los últimos minutos de la U.D. Las Palmas bajo la lluvia y su resbalón en el último minuto. En la prensa digital leí que las islas occidentales estaban recibiendo ya bastante l
luvia… Pero, el domingo en la isla conejera amaneció igual que el día anterior. Después de algunas tareas domésticas me volví a subir en la Suzuki 650 y salí dirección a Tinajo para pasearme por el Parque de Timanfaya…Se estaba realizando una carrea de bicicleta de montaña. Además de estos participantes se veían muchos, muchos ciclista, solos y en grupo…
¡Muchas féminas pedaleando….!
Después de un agradable paseo y unos ajetreos caseros me senté frente al ordenador y de repen
te...¡¡¡LLUVIA…..!!!
Hacía unos minutos que había recogido parte de la ropa tendida, pero no toda…Salimos rápidamente para que no se empapara…Lo conseguimos, pero a los cinco minutos cesó la lluvia…
¡Se despejaron los cielos y volvió a brillar el sol….!
P.D. ¡¡¡A ver si ocurre lo mismo con la política conejera!!!
Instintos
Volviendo sobre el tema de los instintos, ya publiqué en la revista del I.E.S de Guía, que “…Todos somos animales, hipotálamos sueltos…” “…Y algunos, a través de la EDUCACIÓN, se convierten en PERSONAS….”
Recuerdo hace tiempo escuché en Arucas una entrevista MUY INTERESANTE E INSTRUCTIVA en la radio a un sacerdote
misionero…El tema trataba sobre la tarea de estos en los países supuestamente tercermundistas…Este reconocía que cuando llegó a un país africano y comenzó a ver “tantas mujeres desnudas moverse ante sus retinas con tanta naturalidad….” ¡¡sus hormonas lo rescataron de su silencio pasional..! Y una de ella le dijo: ¡Tienes que dejar la religión durante un tiempo y tener sexo con nosotras para sacar toda tu represión a flote para poder luego predicar…!
Lo hizo durante varios años con esta mujer…Creo que luego se caso con ella… RENACIÓ y continuo su misión más liberado y NATURAL…
Sobre este tema hay un artículo,
MANUEL VICENT 31/01/2010
http://www.elpais.com/articulo/ultima/timba/elpepuopi/20100131elpepiult_1/Tes
sábado, 30 de enero de 2010
Un hecho real
Hola, soy el de siempre y quería contaros que ayer me fui a la playa con mi mujer, mi hermana, mi cuñada y mi sobrinita. Concretamente al sur de Gran Canaria, a Arguineguin, la playa se llama Anfi del Mar.
Llegamos como siempre muy contentos, enseguida montamos las sombrillas y pusimos las toallas y a disfrutar…Estábamos pasando un buen día de playa; nadábamos, tomábamos el sol, jugábamos, en especial yo con mi sobrina. Hasta que llegó la hora de comer, ¡ojalá nunca hubiésemos comido aquella tarde!, imaginaos después de comer las chicas se tumbaron al sol y yo me tumbé debajo de las sombrillas con mi librito para leer y pasar un buen rato.
La playa estaba a rebosar de gente ya que, en la otra playa; “Las burras” donde solemos ir, hacía viento y era imposible estar allí, así que después de ver el panorama nosotros y muchísimas de las personas que solemos ir a esa playa nos vinimos a Anfi del Mar.
Estábamos algo apretujados en Anfi, pero era un día estupendo y como os decía todo iba muy bien, y después de comer me dispuse a leer aquel libro bajo la sombrilla. Estaba tan contento leyendo pero al poco tiempo ya me empezó a entrar sueño, acabé como pude el capítulo y me dispuse a dormir echándome por delante de la carita mi camiseta para que no me molestara la luz del sol.
Estaba muy relajado, así que me costó poco y me supo mucho la sobada que me estaba echando. Pero de repente y en lo mejor del sueñito me doy cuenta que estaba roncando, era un poquito preocupante aunque acumulé fuerzas y seguí retozando plácidamente como un lechoncito hasta que mi mujer me llama por mi nombre y casi gritando;
-¡Rafa, que tienes un corrillo de gente viéndote roncar!
Según mi mujer y los comentarios de toda mi familia, la gente se descojonaba de mí viéndome y oyéndome roncar, yo ajeno a todo aquella patraña y ellas pasando vergüenza porque la gente sabían que veníamos juntos. Total que me puse de muy mala leche y le dije a mi mujer con malos modales:
-¡Ni en mi casa ni en la playa puedo roncar a gusto!
Así que me vuelvo a echar la camiseta por la cara y me doy la vuelta sobre mi costado derecho y en posición fetal me coloco de espalda a cuatro chicas que estaban tumbadas tomando el sol casi debajo de mi sombrilla. Otra vez me quedo dormido y me doy cuenta de que de nuevo empiezo a roncar, pero me da igual y sigo durmiendo hasta que…”me despiertan mis propios pedos”.
Sí amiguitos, roncaba fuerte, pero los pedos tenían que ser más fuertes para despertarme. ¡Que vergüenza pasé!, no me atrevía a quitarme la camiseta de la cara, así dejé pasar el tiempo y me quedé dormido otra vez y vuelta a empezar…”roncar y cagarme, roncar y cagarme”.
Ya bien entrada la tarde, me despierta mi cuñada para irnos para Arucas, pero las chicas que estaban tumbadas detrás de mí seguían allí. ¡Joder, no podía mirarlas a la cara, estaban sentadas mirando hacia mí. Si en aquel momento hubiese podido hacer un túnel bajo la arena para salir de allí, lo hubiese hecho sin titubeos!
Recogimos todo rapidito, sobre todo porque yo tenía una vergüenza de la ostia, mi familia también, claro. Cuando pasé al lado de las chicas no hubo ni risas ni comentarios, pero yo podía leer sus pensamientos…
Me di prisa en llegar a mi coche para que nadie me reconociera, parecía que todo el mundo me miraba y se sonreía, hasta parecía que se comunicaban entre ellos con gestos;
-Míralo, hay va el cagón este.
Salí con el coche del aparcamiento cagando leches, vi mucho rato detrás mío por la autopista un coche de policía, creo que habían avisado a la guardia civil para que me controlase y se asegurasen de que me iba.
Llegamos a casa no sin antes tener que aguantar el cachondeo de mi familia todo el camino, cuarenta y cinco minutos de burlas y cuentos con mi persona como actor principal, y mis ronquidos y pedos como efectos especiales.
Total, que cuando llegué ya de noche a mi casa me di una ducha y me metí en la cama con mi mujer y queriendo salir de dudas le hice la fatídica pregunta:
-Gloria, por favor, ¿aquello fue como me habéis dicho?
Y ella contesta:
-¡Si Rafa, te pasaste más de dos horas roncando y tirándote pedos, la gente se reía y eras el bufón de la playa!
Y pensé; ¡tierra, trágame!, allí mismo y sentado en mi cama, me puse las manos delante de la cara tapándomela, me daba mucha vergüenza a pesar de no estar en aquella playa en ese momento.
Bueno, después de esta experiencia verídica, he estado mirando lo de la cirugía plástica, pero no para la cara, si no para el culo, a ver si me ponen un hilo musical activado por viento en el agujerito del ano y así cuando salga un pedete sonará bien, y en cuanto al mal olor, me voy a poner un difusor de aromas agradable entre las nalgas, de esos que casa cierto tiempo sueltan un chorro, y me cuelgo una batería de coche al cuello pa alimentarlo de corriente.
PD: La playa sigue contaminada, estuvo unos días cerrada al público y prohibían bañarse, estuvieron unos tipos por la arena con detectores y unos trajes como plantificados herméticos con bombonas de oxígenos a la espalda recorriendo todo aquel lugar.
Satori
viernes, 29 de enero de 2010
El guardian entre el centeno.
El guardián entre el centeno. J.D.Salinder.
Este es mi pequeño homenaje a Salinder, el escritor que fue derrotado por su propio éxito. Para mí una de las mejores novelas que he leído, corta y ágil de lectura (como debe ser) y que deja un sabor agrio como de derrota. Que te remueve la conciencia y te hace pensar, que habla del fracaso que te tiene preparado el destino al final del camino. ¿Quié no se ha sentido alguna vez Holden Caulfield? Si aún no han leído esta novela, yo les recomiendo que lo hagan. Les gustará.
El Guardián entre el centeno

Así empieza una de las novelas más famosas de la historia, y una de las mejores obras norteamericanas.
Ayer, en New Hampshire, murió el escritor J. D. Salinger, uno de los personajes más misteriosos y esquivos del mundo literario. Murió a los 91 años, con apenas cuatro obras editadas. Una de ellas, “El Guardián entre el centeno”, convirtió a Jerome David Salinger en una celebridad mundial, y a su personaje, Holden Caufield, en el paradigma de una generación inconformista, rebelde y desubicada nacida en los años 50 en plena guerra fría. La novela sigue vendiéndose reedición tras reedición, y es que la juventud sigue siendo, aún con el cambio de siglo, una travesía inhóspita. Salinger se apartó del mundo ese mismo año, en 1951 y allí murió. Tratada durante muchos años como novela maldita por su lenguaje y acompañada por el estigma de asesinos como Mark Chapman- lector de obcecado de Salinger, y que se dice leía este libro cuando disparó a quemarropa a John Lennon-, sigue viva hoy en día; releída de cuando en cuando, como en mi caso, y descubierta por las nuevas generaciones.
Bibliografía
- Nueve historias (1953)
- Franny and Zooey (1961)
- Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción
- Hapworth 16, 1924, editada en las páginas de The New Cork Time
jueves, 28 de enero de 2010
El Bazar de los Sueños
Cuando aún en la pared del bazar se percibía el olor de la tinta humedecida por las teorías iluminadas de nuestro filósofo, un rugido ensordecedor pero de marca registrada retumbaba en la calle Gourié, a unas horas donde el sol casi rozaba la montaña de Arucas. Espantado el silencio como la inspiración del poeta, una Harley Davidson de color negro como la noche, con una pegatina declarando "Generation Beat" en su lomo, se dejaba admirar en una de las puertas del bazar de los sueños. Un chico vestido con chupa de cuero, pantalones oscuros, bufanda y unas Converse "All Stars" blancas, se apeó del asiento, se quitó los guantes, el casco, se repeinó en el acero brillante de la moto (aquel donde un amigo fotógrafo nuestro ganó un premio no hará mucho) se mesó la barba, se colocó bien las gafas de pasta negra, y entró en el bazar con una sonrisa risueña y unas cervezas “Guiness” en la mano; para seguidamente, saludarnos en medio de un ambiente callejero de rockeros, poetas, libre pensadores y amantes del jazz. Con una voz alzada y un amplio vocabulario, recién llegado desde San Francisco, e influído por el gran poeta y precursor del movimiento Beat, Allan Ginsberg, declaró abiertamente, y con la voz de Bob Dylan como fondo en el parquecillo:Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas, arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo, hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna…
Bajo esta entrada tan realista y revolucionaria, era para nosotros un lujo tener a uno de los protagonistas de "On the Road" de su amigo Jack Kerouac. Venía con el depósito lleno de drogas y libertad sexual, y con el sonido improvisado del jazz saliendo de su motor V-Team. Parece ser que, entre él y unos amigos, habían dejado la huella de sus motos en un movimiento literario llamado "Generation Beat" y el cual iba extendiendo por todo el mundo, con consignas en contra del racismo o la guerra de Vietnam.
Luego, cuando ya todos empezábamos a sentirnos más sensibilizados con el movimiento, extrajo de su chupa grandes dosis de buenas recomendaciones, inyectándonos con grandes sugerencias sobre escritores que ni conocíamos y sobre títulos que ni imaginábamos.
Alucinados y agradecidos, empezamos a sentir por nuestras venas la sensación de nuevas aventuras para disfrutar, en lo que era, sin dudas, el mejor regalo que se puede dar a un amigo.
Poco después, se ofreció gentilmente al comentarnos que, en su Harley, cargaba en sus baúles más de quinientas joyas literarias a nuestro servicio. Y no sólo eso. Entre sus papeles desordenados, había plantaciones de su propia cosecha. Al leerlas, en sus viajes descubrimos que había construídos con palabras hoteles de lujo, y que en la carretera, esquivaba obstáculos de puntos y comas de una manera magistral, y que en curvas y rectas, componía sus historias de amor, tabaco, sexo y... cosas sencillas que escondían los más grandes sentimientos.
Hipnóticos y fascinados, lo vimos encendiendo un cigarro, al momento en que, por la puerta un hombre con rostro contraído por la droga y los delirios, y que dijo llamarse Johnny Carter, entraba junto a su amigo Julio Cortázar, cuyo clarinete tocaba las letras más perfectas y preciosas en forma de relatos insuperables, y con cuya banda, nos ofertaba un concierto "in situ" para el bazar de los sueños.
Luego, empezó a fumar al séptimo arte. Nos asfixió de grandes críticas cinéfilas, al tiempo en que el humo formaba una gigantesca pantalla de cine al fondo del bazar y nos disponíamos a una sesión única con él como director, rodando una nueva película, y detallándonos todos los pormenores que al resto se nos escapaba. Cuando dispuesto se sentó en uno de sofás reclamados por otros hedonistas y que nunca llegaron, le dijimos que se levantase rápidamente, porque habíamos invitado a un físico maníaco y perfeccionista, que era Sheldon Cooper, y que era su asiento preferido y podría enfadarse porque un lugar perfectamente ordenado con respecto a la luz de la puerta y a la posición y a los grados de la pantalla de cine en la pared del fondo del bazar. Así que enfadado, se echó cual largo era a lo Hank Moody, en otro nuevo capítulo de Arucafornication.
Al levantarnos, lo vimos enfundado en sus guantes de boxeo, y nos sentimos amen
azados. Cada golpe lanzado al aire recreaban flashes que nos trasladaban, en primera fila, a uno de los combates de boxeo más memorables que se recuerden: Mohamed ali versus Frasier, y que tuvo lugar en el parquecillo frente al bazar; donde escuchamos los insultos de Ali, nos mareamos ante su juego de pies, nos golpeaba en el rostro, y nos dejaba el morro hinchado de moretones.Por último, me invitó a dar una vuelta con su motocicleta. Al preguntarle donde íbamos, me dijo: directos a la inspiración.
Paseábamos por nuevos paisajes empapelados de letras de oro y Nobel de Literatura. Fuimos hasta Macondo, donde me dio a conocer a los Buendía, y cuyo patriarca, García Márquez, nos transportaba por sus mágicas curvas de lo cotidiano y su narración divina; para luego recorrer las grandes y rectilíneas frases de los narradores inimitables, como Paul Auster, Haruki Murakami y Ángela Becerra. Nos rodeábamos del Realismo Mágico que acariciaba nuestros rostros con una brisa que inspiraba nuestras imaginaciones más fantásticas.
Cuando bajé de su motocicleta, no tuve palabras para agradecerle la mayor de las gracias para hacer que, este relato y otros de mi cosecha, pudiesen conseguir, o por lo menos intentarlo, esa brisa fresca de hipérboles, magia y fantasía.
Cuando entramos de nuevo al bazar, el Anfitrión y el Filósofo estaban disfrutando de una película, la cual, por supuesto, no nos perdimos por nada del mundo. Se titulaba:
"El Director"
Y cuando aún disfrutábamos de otra sesión de cine, un resoplido mezclado con el sonido de unos cascos en el adoquinado, nos levantó de nuestro ensimismamiento. Un hombre de honor y gloria, se unía a nuestra fiesta.
miércoles, 27 de enero de 2010
Corto "Reacción"
Es un corto que incomoda e inquieta. Muy directo y que mantiene el suspense hasta el último segundo de forma magistral.
!Que lo disfruten! ...aunque no sé si estas son las palabras adecuadas.
martes, 26 de enero de 2010
La mía...
Sigue pendiente conseguir visitar la casa de ese conocido de Ángel (cómo se llamaba… sí, éste…) que atesora – no eran 7 mil, Claudio- unos 14 mil libros (¿en el siguiente escrito serán 21 mil?). Me imagino entrando en esa casa con el mismo asombro y parsimonioso paso de Daniel Sempere atravesando el Cementerio de los Libros Olvidados
lunes, 25 de enero de 2010
El Bazar de los Sueños
"Pienso, luego existo".
Mientras empezábamos a sentir el espantoso vacío por la ausencia de nuestros amigos en la última noche, una voz embaucadora y sosegada convertía los alrededores del bazar en una gran plaza de erudición y canto a la naturaleza. Nuestro erudito, un hombre alto y grácil, ataviado con una toga inmaculada, un reloj bolsillo dorado y todo un mundo de sabiduría tras sus finas gafas, nos observaba atentamente al adentrarse en el bazar; mientras afuera, en la barandilla del parquecillo, un hombre de barba blanca y poblada que decía llamarse Sócrates, impartía, gracias a las agudezas de sus razonamientos y su facilidad de palabra, grandes conocimientos a todos los aruquenses que quisiesen preguntarse: ¿Quién soy?
-Siento de nuevo la verdad fluyendo por estos suelos y estas paredes. El tiempo y el espacio aquí no existen. Creo que en este lugar, amigos hedonistas, he hallado la puerta hacia la eternidad del saber y el motivo a nuestra existencia.-
Su cautivadora voz era una alfombra mágica que nos transportó al pasado, hasta los cielos de la Antigua Grecia. Nos guió por la Academia de Atenas, fundada por Platón. Nos sentamos a escucharlo a la sombra del olivar sagrado, para luego, conocer a su maestro, Epicuro, que nos aconsejó un mayor estudio de la naturaleza y una pérdida del temor a la muerte y a la ira divina, en la escuela que él mismo había fundado, y que se llamaba "Jardín".
Impresionados por la profundidad de sus meditaciones, nuestro sabio amigo, que en sus manos cargaba unas tijeras mágicas afiladas de sabiduría y estudio, cercenó nuestra corteza cerebral para enseñarnos los grandes secretos del cerebro, el pensamiento y la filosofía de la mente.
Mientras tanto, Sócrates, acompañado por su "ironía socrática" y consciente tanto de la ignorancia de los demás como la suya propia, razonaba con la gente de Arucas, haciéndoles ver el conocimiento real que tenían sobre las cosas, mientras, nuestro propio estudioso, escribía en las paredes del bazar las teorías sobre los placeres del cuerpo y del alma.
Y lejos llegaron las teorías de nuestro amigo porque, inesperadamente y sin aviso, el parquecillo comenzó a colmarse de muchos de sus ilustres amigos que, prestos y decididos, se mostraron ante un pintor llamado Rafael, en una peregrinación sin precedentes. Por fin, habían encontrado un lugar donde expresar sus ideas sin la terrible amenaza de los que imponían y mataban en nombre de Dios.
Salió presuroso, prometiendo volver. Luego lo vimos sentado en un escalón del parquecillo, justo debajo de Platón y Aristóteles, mirando al pintor, el cual inmortalizaba con Arucas como testigo y en uno de sus muros, a todos los filósofos, matemáticos y científicos más importantes de la antigüedad, en un fresco llamado "La Escuela de Atenas".
Al volver, un cambio repentino convirtió su sedoso rostro en un surco de nervios y preocupaciones. Al final, nos confesó:
-el ayuntamiento y D. Santiago me persiguen.-
En susurros nos reveló que la Inquisición había quemado a muchos de sus ilustres colegas y el ayuntamiento saqueado sus bolsillos como un vulgar ladrón callejero. Sintiendo casi el ardor de la hoguera y la ruina económica por parte del consistorio aruquense, valientes y decididos le aseguramos que el bazar está hormigoneado de libros, justicia y humildad, y que quién tuviese la gallardía de entrar en nuestro lugar sagrado, podría peligrar lo que ellos tan convencidos inculcaban, por la demostración de que en los escritos filosóficos se hallaban las claves de la única verdad. Y así quedó entre nosotros, esperando que esta vez fuese para siempre, y todo, porque su ausencia se hacía notar demasiado. Porque es y será siempre para nosotros:
"El Filósofo"
Y cuando nos preguntábamos porqué somos como somos, en las calles oscuras de Arucas se empezó a escuchar un rugido que hizo temblar el suelo empedrado de la calle, e hizo detenerse en su inspiración a nuestro ilustre poeta. Otro de los nuestros, acudía a su obligada cita.
El Rincón del Cinéfago

Campanella pone por tercera vez a Ricardo Darín (un actor magnífico y al que el cine argentino le debe mucho estos últimos años) como protagonista de una historia que se mueve entre el nacimiento de un romance, un crimen horrible y un enamorado eterno.
El sábado por la noche fui al cine a ver el musical “Nine”. Salí de la sala con buen sabor de boca -a pesar de no estar a la altura del anterior musical de Rob Marshall, “Chicago”, ni se merezca aparecer en este Rincón ;-)-, algo cachondo después de ver a Penélope Cruz moviendo el trasero y enseñando piernazas, y muerto de hambre. Mientras picaba algo en el salón de casa así como a las 2 y media de la mañana, me puse a ver “El secreto de sus ojos”. Pensé que Morfeo me visitaría a mitad de peli y que terminaría de verla el domingo (qué imbécil; me la tragué enterita con los ojos como un cherne). Había leído buenas críticas de ella, su premio en San Sebastián, sus nominaciones a los Goya… y es que es una obra maestra. Este término se suele usar muy alegremente muchas veces, pero aquí está plenamente justificado. La historia mezcla perfectamente el pasado con el presente. Camina de puntillas por la ternura, el horror, la muerte, el amor, la crítica a la Argentina de la impunidad de los años 70, y deja al espectador boquiabierto con un final desconcertante.


