martes, 23 de abril de 2013
23 de abril. Día del Libro.
sábado, 5 de enero de 2013
"La Maldición de Hilena", de Rayco Cruz
martes, 4 de diciembre de 2012
Historias de Nueva York, de Enric González
lunes, 22 de octubre de 2012
Sin Gases, Ni Cotilleo…….
lunes, 16 de julio de 2012
Las Horas Oscuras. Juan Francisco Ferrándiz
Ya terminé "las horas oscuras" de Ferrándiz. Está entretenido, con una buena dosis de acción y sorpresas al final de la historia. Poco a poco, Ferrándiz va creando esa ansiedad a través de preguntas sin resolver, y que deja para el final. Me, y que tan bien les va a algunos escritores.
Me gustó conocer algo más de las costumbres y cultura celtas, de los druidas, de ese amor por la naturaleza y los monolitos. Tampoco olvidamos la obsesión del cristianismo a achacar todas las cosas buenas y malas al Creador, de que todo sucede porque así él lo quiere. Esa parte choca mucho con nuestras mentes liberales del siglo XXI, pero estamos hablando del año 998 D.C., época donde se ambientó la novela, y donde se huele el miedo hacia el demonio en todos y cada uno de sus personajes.
Por otra parte, los libros son los grandes protagonistas. La reconstrucción de una biblioteca en un lugar recóndito de Irlanda, lugar donde el escritor se ha ambientado, y que tan bien ha definido, lo convierten en un amor incondicional hacia los papiros, por su conservación y perdurabilidad, por ese trabajo maravilloso de los monjes de realizar más copias para que el saber se comparta en otros lugares. Dichos monjes, pertenecientes al espíritu de Casiodoro, van por el mundo recuperando obras antiquísimas y de gran valor, y los cuales no dudan en poner su vida en peligro para poseer esas grandes obras. El amor, la pasión, y la maldad, son palabras muy bien descritas en toda su extensión. Todo unido, hacen de esta historia algo diferente de lo habitual, y por ello me ha gustado. Es recomendable para todo aquel que quiera pasar un buen rato de suspense.
Y ahora toca "Danza de Dragones", libro que ha despertado una dulce polémica en el correo electrónico de los hedonistas. ¿Papel o formato digital? Yo, en principio, E-BOOK, aunque haya algunos que opinan en contra de este formato, y a los cuales no hay que hacer mucho caso, con más ganas lo leo y lo disfruto. ;)
domingo, 8 de enero de 2012
Cosas mías. Semanas raras...


http://www.juangenoves.com/es/
También, en esos paseos con cafés y pequeñas conversaciones con vendedores de libros, porque cada vez quedan menos libreros, y alguna que otra discusión alrededor del trato a la obra de Murakami por pate de Tusquets (soy un pesado con este tema, lo sé, pero esta vez el vendedor estaba de mi lado; por cierto, el amigo es escritor, con novela publicada y admirador del japonés) descubrí las guías de viajes ilustradas de Anaya. Para un fanático de estos libros como yo (aunque mis favoritas son las de Lonely Planet) son un pequeño tesoro que aúna comentarios sobre la ciudad; de sus lugares, sus gentes y encantos, y bocetos y acuarelas que ubican cada página; es lo más parecido al desvencijado cuaderno de viajes de un pintor trotamundos remasterizado.
http://www.anayatouring.com/roma-a-vista-de-acuarela/
Ah!, y hace unos días encontré un cómic que a nuestro hedonista más “Modesto” le gustará. Freddie y yo, editado por La cúpula.

http://www.lacupula.com/web/articulo.do?idArt=324
Más hogareño, he hecho cambios en casa, amoldándola a nuestras comodidades y colgado algún que otro cuadro más en las paredes; cada día con menos blanco.
Poco a poco volveremos todos a ubicarnos en nuestras rutinas y a seguir con nuestras personales visiones de todo lo que nos rodea, dejando atrás estas semanas que a muchos cabrean y a otros entusiasman, pero que si se disfrutan en la distancia de la vorágine consumista, de los ruidos de petardos y de las comidas opíparas, no faltas de cierta hipocresía, se puede llegar, incluso, a disfrutar. Eso sí, mañana hablaremos del gobierno.
R.M.V.
miércoles, 27 de julio de 2011
El pibe que arruinaba las fotos. Hernán Casciari
Este fin de semana me paso a comprar esta novela porque desde hace años de Enoc, me fío.
http://orsai.es/
Hace un par de años me llamó la atención este libro (El pibe que arruinaba las fotos) cuando salió. El sábado antes de pasar por vuestra casa lo encontré a 5,72€ (el precio original ronda los quince) en el corte siete palmas y, aprovechando la gran rebaja lo cogí. Entre ayer y hoy me lo he zampado, aunque pone novela yo no lo calificaría como tal, y te encuentras perlas como: "Chichita siempre daba la impresión de ser la que más sufría por mi culpa. Pero si mirabas bien, te dabas cuenta enseguida de que Roberto también estaba asustado. No eran solo las morisquetas, ni la obesidad incipiente. También le preocupaba que leyera tanto. una mañana me lo puso bien claro:
-O tomas la comunión o vas a rugby- me dijo-...
Para la comunión había que hacer un curso los sábados a las diez de la mañana. Para ir a rugby también. Las dos cosas eran con pantalón corto y no había que usar el cerebro, por eso me costó decidir. Elegí ser rugbier. Me llevaba mi padre de la mano, no por cariño sino por temos a que me escapara corriendo. El profesor de rugby era amigo de Roberto, porque mi padre era amigo de toda la gente que transpiraba por placer (...)"
o
"Parpadeé cuatro veces. En aquella época se me había dado por insultar a la gente en clave morse, para que nadie se diera cuenta. Era un invento mío: tres parpadeos cortos era "la puta" y uno largo " que te recontra mil parió"
... Y esto solo al princípio del libro. Me lo he pasado muy muy bien leyéndolo, no es Joyce, pero ¡Qué buen rato por 5,72€!!!!!!!!!!
viernes, 15 de julio de 2011
Cosas mías. Martin y el Manhattanhenge

Lo admito colegas de blog, llevo unos días desconectado. Pasé unos días de sol lechoso en otrora Puerto Cabras. Vuelvo siempre que puedo –allí dejé buenos amigos-, pero esta tarde me he puesto al día y he podido comprobar que nuestro poeta está en plena forma y con la sensibilidad y la emoción a flor de piel (y así nos deja la nuestra), y que el Magister, el decano, el hijo pródigo está de vuelta y rebosa inspiración. Ay, esas musas (o es en singular ¿?).
Les tengo que contar mis impresiones tras la lectura de Juego de Tronos, primer volumen (denso pero entretenido… y genial) de la saga de G.R.R. Martin, “Canción de Hielo y Fuego”. Cayó en mis manos gracias a la insistencia en sus bondades por parte de los amigos Claudio y Ángel, y como no, por la espectacular y casi perfecta adaptación que la HBO estrenó hace unos meses. La novela es adictiva, viva, ágil y cargada de personajes en los que Martin pone en sus bocas frases del tipo:
“-Es una idea inquietante. No estamos en las Ciudades Libres, donde esas cosas pasan todos los días. Allí cada hombre puede ser un asesino, pero incluso así desprecian al envenenador”
-“El pueblo llano, cuando reza, pide lluvia, hijos sanos y un verano que no acabe jamás. A ellos no les importa que los grandes señores jueguen a su juego de tronos, mientras los dejen en paz. Pero nunca les dejan en paz”
Este es el calibre literario del Señor Martin. En unos días me pondré con el segundo volumen, “Choque de Reyes”

Esta mañana, mientras leía el periódico en un bar cercano al trabajo, vi una de esas fotos que suelen cerrar la edición. En El Pais suele ser la del entrevistado acompañada de la cuenta del bar en el que han papeado mientras hablaban. Esta mañana el Canarias 7 se la dedicaba a un momento mágico que ocurre dos veces al año -el 28 de mayo y el 12 de julio- en la bulliciosa Manhattan, y es que el sol se pone en la calle 34, en la que se encuentra el famoso edificio Empire State. Durante este fenómeno, el sol parece encajar en las calles de Manhattan e ilumina las caras norte y sur de los edificios. Es fascinante y ningún efecto especial de las películas de Hollywood puede igualar el espectáculo. Se conoce como el Manhattanhengen. Un espectacular atardecer.
Estoy de vuelta y tenemos que vernos.
Salud.
miércoles, 6 de abril de 2011
De qué hablo cuando hablo de correr. Haruki Murakami

Pensé que este libro-ensayo-divertimento lo podría leer a ratos, disfrutando de algo fútil que escribía el maestro Murakami entre novela y novela o cuento y cuento; un encargo editorial sin más sentido que vender a un público reducido – a los frikis del japonés- mientras contaban los días para leer 1Q84 y pasar mejor la espera. Por primera vez, subestimé al mejor escritor vivo del mundo. Como en sus novelas, la forma de relatar te va llevando, arrastrando, página a página, con esa misma levedad con la que cuenta que un carnero se mete en el cuerpo de un tipo, que un señor mantiene charlas con los gatos callejeros, o que un joven se suicida con apenas diecinueve años. Murakami cuenta cómo es que empezó a correr un buen día porque sí, sin más, sin entrar en dilemas filosóficos de necesidad vital ni creativa; igual que dice que un día, mientras veía un partido de beisbol tumbado en el césped bebiendo una cerveza decidió escribir una novela. Sin más artificios ni iluminadas patrañas, porque el japonés corre y escribe porque le apetece, y se inscribe en una carrera de cien kilómetros (que recorre en algo más de once horas) porque poco a poco fue incrementando su resistencia y su técnica, y le apeteció correr una ultramaratón, y cuando terminó se sintió inmensamente feliz. Pero no se sintió feliz porque se había impuesto una tremenda prueba de resistencia para probarse a sí mismo como ser humano, sino porque una vez cruzada la meta ya podía dejar de correr.

Así de normal es este escritor que inventó el fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, y los ubicó en un mapa y todo. Murakami piensa (un rato) en sus tramas mientras corre, pero la mayoría las desecha cuando se quita las zapatillas de footing. Lo que realmente le gusta hacer mientras devora kilómetros con los pies es escuchar jazz y rock añejo en su minidisc (no le gusta el Ipod), y disfrutar del paso de las estaciones, con sus cambios de texturas, colores y olores (maravillosa la descripción del otoño neoyorkino y su maratón). Todas esas sensaciones las recoge en los artículos que escribe después de las maratones; fantásticos relatos en los que describe sus estados anímicos, sus bajones físicos y los terribles dolores que le recorren todo el cuerpo. Impagable también es el relato de su viaje a Atenas para recorrer los 42 kilómetros de La Maratón en sentido contrario. Como el mismo dice, un mítico y laureado recorrido que hoy en día pasa por un anodino y peligroso polígono industrial.
Así de extraño, normal y genial es este libro. Igual que su autor, ¿no?
R.M.V.



