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martes, 10 de julio de 2012

La ventana.




Creo que mí padre heredó mi enfermedad, se pasa los días mirando por la ventana. Aunque él nunca me dijo que estaba enferma, cuando era niña me llamaba su pequeña abstraída y más tarde era su dulce niña aislada.

Todos los días después del desayuno mi padre leía algo o me contaba algo de mí, de él, de lo que no era mio ni de él y mi mente se convirtió en una especie de reserva federal de la palabra, donde miles de palabras se agolpaban ya casi sin espacio en una especie de rincones (yo lo llamo así). Esta el rincón de los olores, el de la infancia y los cuentos, el de lo prohibido, el de los secretos, el de los deseos y el rincón del olvido. Este no lo puedo explicar, pero sé que existía. Como aquella vez que olvide que me perdí a los tres años, que tenía mucho frío, que me balanceaba hacia adelante y hacia atrás, que me encontraron unos desconocidos, que frotaron todo mi cuerpo, que perdí mi ventana.

La ventana era para mí como un tercer mundo. Estaba mi mundo interior, ese que solo conozco yo y todos se empeñaban en descubrir. Estaba el mundo de mi padre y la ventana, mi mundo exterior. Aunque solo yo  la podía ver, sentir, transformar.

Nunca pude entender como nadie disfrutaba como yo de mi ventana, claro que tampoco lo podía explicar, ya sabéis las palabras me lo impedían.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

La aldea...

Lo que aparentaba ser una aldea, parecía estar completamente vacía. El aire era tan pesado que tenía la sensación de que chocaba contra él a cada paso que daba y la vida solo era un vago espejismo que se diluía tragada por el aire y el suelo polvoriento que se extendía a sus pies, calentado por un sol resplandeciente y nítido que brillaba en un cielo rasgado tan solo por una efímeras nubes que insinuaban no querer moverse. El abandono de aquella extraña parte del mundo era tal que solo lo rodeaba tierra seca y yerma, sin límites, sin presente y sin principio. Tan solo siete casas rompían el árido plano del horizonte, siete casas colocadas al azar, quizás, por el viento que una vez, quizás, existió en esta “extraña parte del mundo”. Las casas, esparcidas en aquel incomprensible albedrío, daban la sensación de ser cascarones abandonados por la vida que en algún momento las habitó, y que al paso de los soles y, no se si las lunas, las abandonó un buen día sin ni siquiera mirar atrás mientras desaparecía confundiéndose con la lejanía. Estas, estaban construidas de piedras, barro, maderas y cañas, aparentaban haber sido hechas con prisas y sin preocupaciones estéticas o funcionales, todas tan iguales que eran como la misma que se reflejaba en varios espejos, tan solo tenían una planta, perfectamente cuadrada, todas tenían una puerta principal, dos ventanas en los laterales y la pared trasera totalmente desprovista de cualquier oquedad. Todas tenían el mismo desgate en las maderas y en lo que una vez pudo ser pintura blanca o yeso, la ruina habitaba ahora aquellas piedras. Todas las puertas y ventanas estaban cerradas, pero daban la sensación de invitar a tocar y pasar a sentarse en un cómodo sofá, era una extraña sensación de cómo si las puertas fuesen las que le llamasen para que entrara.

De pronto el corazón se le aceleró y la sensación de que una bola pastosa le subía la traquea lo hizo caer de rodillas en aquel terroso suelo levantando una espesa nube a su alrededor, tras dos arcadas vomitó lo que parecía que había comido por última vez y que no acertó a recordar, tenía la sensación de que la vida acababa de salírsele por la boca y reptaba por el suelo huyendo de él. Trató de incorporarse pero la sensación de vacío no le permitió moverse, un sudor frío comenzó a cubrirle la piel y a gotear en la seca tierra, formando al poco pequeños charcos, y con la sensación de que se estaba derritiendo bajo aquel sol y que iba a fundirse con la arena, se desplomó inconsciente sobre los charcos que se habían formado bajo él…

sábado, 3 de septiembre de 2011

Despiste por...

Antes de salir del trabajo leyó sus correos, luego ya pasada las 14,00 se fue, cogió el coche y salió. Salió pensando en ella, en lo que harían al día siguiente.
¿Le diré de ir a la montaña?
¿O mejor vamos para Playa …. al local que conozco dirección al faro?
Seguro que le gusta…Y riendo y riendo pensando en el momento de mañana (playa, montaña) y en aquella cita se introdujo en dirección prohibida. Cuando se dio cuenta ya estaba a mitad de la calle, con la cara de extrañado del conductor que se topó de frente.
Su recuerdo lo tenía totalmente despistado.
No recordaba cómo pero se fue en dirección contraria pensando en aquella mujer…

domingo, 21 de agosto de 2011

Matrícula








Cuando Jorge nació, quiero decir, unos minutos antes de nacer y camino del Hospital me fijé en la matrícula del coche que me precedía CMC 1993 .Que coincidencia, hacia 15 días que habíamos comenzado ese año, dejando atrás otro de muchos sinsabores. Y justo en el momento de ver aquel mi primer y único vástago, me sacudió en la mente aquella matricula ya traducida Con mucho cariño 1993.

Tengo que decir que mi compañera falleció el verano del año anterior………una enfermedad crónica en la que ambos conocíamos el desenlace y supimos afrontarla, aprovechando cada segundo de su vida……………María, el amor de mi vida y yo decidimos tener un hijo, aun sabiendo que crecería sin madre, pero me tendría a mí y ella siempre me decía. Sé que ese niño crecerá con mucho cariño. Pero dado el estado de María y posibles consecuencias para la futura generación……Y descartada la posibilidad de una adopción por lo que se tardaba y demás tramites, decidimos contratar a una madre de alquiler y ahí apareció Alba. La enfermera que atendía a María en cada revisión de cada Martes, desde hacía 4 años.
Al principio ella nos aconsejaba de cómo ponernos en contacto con la futura portadora de nuestro hijo, que la mejor fórmula sería a través de una agencia y así nació Jorge………..Pero no, no fue mediante una desconocida madre de alquiler. Cuando estábamos a punto de firmar el contrato, una nerviosa llamada telefónica cambio el rumbo del acontecimiento:

-ya firmaron
-No
-Tengo una propuesta
-dime, pasó algo
-He estado meditando. Que os parece si soy yo la portadora de vuestro hijo
-Me dejas anonadado. Mi respuesta es sí. Tengo que consultarlo. Pero ella dirá que sí……