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domingo, 21 de agosto de 2011
domingo, 14 de agosto de 2011
viernes, 12 de agosto de 2011
Ricardo en la India....6
Seguimos en Bodghaya... para los que no lo sepan es el lugar donde BUDA encontro la inspiracion tras meditar bajo el arbol de BO... un arbol que se encuentra en el principal templo budista de la ciudad... se trata de una ciudad muy pequena... de tan solo 30.000 personas... que para aqui es algo asi como una aldea... ya que la mayoria de las ciudades en la que hemos estado sobrepasan el millon de habitantes...
Es un centro de peregrinaje budista... algo asi como el SANTIAGO de compostela de nuestra espana pero sin camino...
Es un centro de peregrinaje budista... algo asi como el SANTIAGO de compostela de nuestra espana pero sin camino...
sábado, 29 de mayo de 2010
Mercat de Sant Antoni
Este domingo pasado pasé la mañana en el Mercat de Sant Antoni (en la zona del Eixample Esquerre, en BCN), entre montañas de libros de segunda mano, comics tratados como reliquias, rockeros amantes y recuperadores de vinilos que rebuscaban en cajas de cartón, carteles de cine del destape, programas de mano de teatros y zarzuelas, sellos plastificados y pulcramente archivados, octogenarios numismáticos, frikis de fe a la caza de viejos mangas y nostálgicos que rebuscaban entre miniaturas de Star Trek y StarWars, figuras legendarias de personajes con los que crecimos (Patricia adquirió por un módico precio regateado toda la troupe de Mafalda), guías de viajes con las páginas manoseadas y amarillas, colecciones de cromos de fútbol muy anteriores a Naranjito con ese inolvidable olor a pegamento Imedio, antiguos números de Interviú, Garbo, Hustler, Playboy…o Fotogramas con una jovencísima y hermosa Carmen Maura sonriendo en portada y una lasciva Victoria Abril con bragas de oro…




viernes, 11 de diciembre de 2009
Dublin, Friendly City
Cinco días después de regresar de Dublín, con un constipado que me ha tenido en jaque toda la semana y la vuelta al trabajo, apenas he tenido tiempo para revisar las fotos que mi amigo Fabio y yo hicimos en aquella ciudad. Hay muchas fotografías en el disco duro: de Iglesias, de Museos, de calles, de históricos monumentos, de dublinesas y dublineses, de bares, de barcos... por cuestión de espacio dejo sólo una pequeña muestra de nuestros cuatro días en Dublín y de la agotadora y pasada por agua jornada en Belfast. Cuando el pasado sábado abandoné el aeropuerto de Dublín con destino Madrid, prometí volver. Es una ciudad cargada de alegría, de dinamismo, de belleza y de amabilidad. Dublín es una ciudad compacta, que conocí prácticamente a pie y en la que, con la salvedad del frío y de los anocheceres a media tarde, me sentí como en casa; porque el dublinés, de caracter amable y provinciano, así lo quiso, y porque la capital de Irlanda, acoge al recién llegado como a un conocido de toda la vida.
En O´Connell Street, una de las Avenidas principales de la ciudad, a media mañana. 3 o 4 grados.
"The Spire" o la aguja o "El monumento a la Luz". Una monumento de más de 120 metros plantado en O´Connell St. Se ha convertido en lugar de quedada y arrancadilla para casi todo el mundo
Imagen de una calle cualquiera de Dublín. Con sus casas bajas, límpias, poco transitadas y por las que transcurre Leopold Bloom, en el Úlises de Joyce . El sol, que tímidamente nos hace saber que exist, apenas calienta el asfalto
Nuevas construcciones en el río Liffey.
.. y Molly Malone, la pescadera (y dicen que puta) más famosa del viejo Dublin. Un cigarrito junto al Liffey, al fondo, el famoso puente Ha´Penny.


No podía faltar los Pubs dublineses. Estos son algunos de la vieja y bulliciosa zona Temple Bar, a orillas del negro y frío Liffey. 

A la entrada de la exposición del libro de Kells y de la Long Room: una magnífica e impresionante biblioteca que alberga el Trinity College con más de 6 millones de ejemplares.
Dos imágenes d ela entrada al Trinity College, la universidad más
famosa de Dublín y en la que estudió, por ejemplo, Oscar Wilde.

Momento literario. Con la estatua de James Joyce, que parece mirarnos a todos como si fuésemos extraños, y debajo de Oscar Wilde, sentado junto enfrente de la casa en la que pasó su infancia, en Marrion Square,1

En el tren a Belfast. Verde, vacas, más verde, ovejas, verde otra vez...

El imponente Ayuntamiento de Belfast, en pleno centro de la ciudad, y parte de los murales de la Línea de Paz, que separa Falls Road, barrio republicano donde está la vieja sede del Sinn Fein y Skill Road, barrio unionista o lealista a la corona inglesa.

De obligada visita, la Guinness Store House. 250 años produciendo el oro negro irlandés. Desde la séptima planta se podía degustar una pinta y disfrutar de las mejores vistas de toda la ciudad en el Gravity Bar (y digo toda, porque el bar tiene forma circular y está completamente acristalado). Espectacular

En O´Connell Street, una de las Avenidas principales de la ciudad, a media mañana. 3 o 4 grados.
"The Spire" o la aguja o "El monumento a la Luz". Una monumento de más de 120 metros plantado en O´Connell St. Se ha convertido en lugar de quedada y arrancadilla para casi todo el mundo
Imagen de una calle cualquiera de Dublín. Con sus casas bajas, límpias, poco transitadas y por las que transcurre Leopold Bloom, en el Úlises de Joyce . El sol, que tímidamente nos hace saber que exist, apenas calienta el asfaltoNuevas construcciones en el río Liffey.
.. y Molly Malone, la pescadera (y dicen que puta) más famosa del viejo Dublin. Un cigarrito junto al Liffey, al fondo, el famoso puente Ha´Penny.

No podía faltar los Pubs dublineses. Estos son algunos de la vieja y bulliciosa zona Temple Bar, a orillas del negro y frío Liffey. 

A la entrada de la exposición del libro de Kells y de la Long Room: una magnífica e impresionante biblioteca que alberga el Trinity College con más de 6 millones de ejemplares.Dos imágenes d ela entrada al Trinity College, la universidad más
famosa de Dublín y en la que estudió, por ejemplo, Oscar Wilde.

Momento literario. Con la estatua de James Joyce, que parece mirarnos a todos como si fuésemos extraños, y debajo de Oscar Wilde, sentado junto enfrente de la casa en la que pasó su infancia, en Marrion Square,1
En el tren a Belfast. Verde, vacas, más verde, ovejas, verde otra vez...

El imponente Ayuntamiento de Belfast, en pleno centro de la ciudad, y parte de los murales de la Línea de Paz, que separa Falls Road, barrio republicano donde está la vieja sede del Sinn Fein y Skill Road, barrio unionista o lealista a la corona inglesa.

De obligada visita, la Guinness Store House. 250 años produciendo el oro negro irlandés. Desde la séptima planta se podía degustar una pinta y disfrutar de las mejores vistas de toda la ciudad en el Gravity Bar (y digo toda, porque el bar tiene forma circular y está completamente acristalado). Espectacular

jueves, 3 de diciembre de 2009
Saludos desde las gèlidas tierras irlandesas.
Es mi cuarto dìa en Dublìn, la amable capital del lado sur de la isla.
James Joyce dijo, que estar en Dublìn, es estar en el mejor sitio del mundo (a nacionalista pocos le ganaban) y estos dìas me he sentido, si no en el mejor lugar del mundo, muy cerca de èl. Si tuviera que poner un ùnico adjetivo a esta pequena ciudad (ay, esa letra que me falta en este teclado con rabito encima) serìa : amable. La gente es muy amistosa y solìcita: siempre dispuesta a explicarse de la mejor forma para que encuentres fàcilmente lo que buscas, compartiendo una pinta de cerveza en los Pubs, esforzàndose por aguzar el oìdo para entender mi poco sofisticado inglès... Lo peor... lo pronto que el sol se mete en la cama. Demasiado pronto. A las cuatro de la tarde ya està anocheciendo, y media hora despuès es noche cerrada (!y amanece a las ocho!). Los primeros dìas, a las cinco de la tarde, tenìa una atroz sensaciòn de cansancio: como si fueran las once de la noche y me dispusiera a ir a la cama: pero un par de Guinnes animan los corazones.
Cuando retorne a casa y el paso de los dìas vuelva a recordarme esta ciudad, escribirè alguna crònica màs inspirada (levantando la mirada del teclado puedo recorrer la avenida O'Connelly, iluminada y atestada de gente que va de un lado para otro, y a mi lado, un totum revolutum de idiomas que utilizan el Skype para hablar con sus familias, no me facilitan un ambiente propicio). Porque si esta ciudad inspirò a Oscar Wilde (dos dìas atràs visitè la casa de su infancia y la estatua de la esquina en la que yace de forma chulesca), a Joyce o a Yates, digo yo, que algo podrà hacer por mì. Ayer en la manana (acabarè por pintar el rabito a la n) cogimos el tren y caminamos por las calles de la vestusta y maltratada Belfast. Allì, el Hotel Europa, la Grand Opera House o el imponente ayuntamiento con interiores forrados en màrmol italiano, imponen la ley de que esta ciudad tiene una deuda consigo misma. Nos adentramos en el la zona republicana, en Falls Road, repleta de orgullosas banderas irlandesas en terreno britànico. Echamos a andar sin saber muy bien cual era nuestro destino. La sensaciòn de creerte perdido en medio de los murales que luchan contra el olvido y que adornan las casas y muros de diminutos ladrillos, las placas conmemorativas de los màrtires, la frase que reza en el mural de Bobby Sands " Nustra venganza serà la risa de nuestros hijos"... es sobrecogedor.
Cuando regrese dejarè algunas fotos.
Ahora daremos un paseo por los alrededores de Temple Bar, unos callejones empedrados junto al negro rìo Liffey, donde la mùsica tradicional suena junto al rock and roll màs vanguardista y como no, regado con mucha cerveza.
Saludos.
Es mi cuarto dìa en Dublìn, la amable capital del lado sur de la isla.
James Joyce dijo, que estar en Dublìn, es estar en el mejor sitio del mundo (a nacionalista pocos le ganaban) y estos dìas me he sentido, si no en el mejor lugar del mundo, muy cerca de èl. Si tuviera que poner un ùnico adjetivo a esta pequena ciudad (ay, esa letra que me falta en este teclado con rabito encima) serìa : amable. La gente es muy amistosa y solìcita: siempre dispuesta a explicarse de la mejor forma para que encuentres fàcilmente lo que buscas, compartiendo una pinta de cerveza en los Pubs, esforzàndose por aguzar el oìdo para entender mi poco sofisticado inglès... Lo peor... lo pronto que el sol se mete en la cama. Demasiado pronto. A las cuatro de la tarde ya està anocheciendo, y media hora despuès es noche cerrada (!y amanece a las ocho!). Los primeros dìas, a las cinco de la tarde, tenìa una atroz sensaciòn de cansancio: como si fueran las once de la noche y me dispusiera a ir a la cama: pero un par de Guinnes animan los corazones.
Cuando retorne a casa y el paso de los dìas vuelva a recordarme esta ciudad, escribirè alguna crònica màs inspirada (levantando la mirada del teclado puedo recorrer la avenida O'Connelly, iluminada y atestada de gente que va de un lado para otro, y a mi lado, un totum revolutum de idiomas que utilizan el Skype para hablar con sus familias, no me facilitan un ambiente propicio). Porque si esta ciudad inspirò a Oscar Wilde (dos dìas atràs visitè la casa de su infancia y la estatua de la esquina en la que yace de forma chulesca), a Joyce o a Yates, digo yo, que algo podrà hacer por mì. Ayer en la manana (acabarè por pintar el rabito a la n) cogimos el tren y caminamos por las calles de la vestusta y maltratada Belfast. Allì, el Hotel Europa, la Grand Opera House o el imponente ayuntamiento con interiores forrados en màrmol italiano, imponen la ley de que esta ciudad tiene una deuda consigo misma. Nos adentramos en el la zona republicana, en Falls Road, repleta de orgullosas banderas irlandesas en terreno britànico. Echamos a andar sin saber muy bien cual era nuestro destino. La sensaciòn de creerte perdido en medio de los murales que luchan contra el olvido y que adornan las casas y muros de diminutos ladrillos, las placas conmemorativas de los màrtires, la frase que reza en el mural de Bobby Sands " Nustra venganza serà la risa de nuestros hijos"... es sobrecogedor.
Cuando regrese dejarè algunas fotos.
Ahora daremos un paseo por los alrededores de Temple Bar, unos callejones empedrados junto al negro rìo Liffey, donde la mùsica tradicional suena junto al rock and roll màs vanguardista y como no, regado con mucha cerveza.
Saludos.
sábado, 22 de agosto de 2009
En Barcelona
Hola chicos y chicas. Pues por aquí en Barcelona estamos, con algo de calor pero disfrutando de alguna que otra cosa; La visita a las Ramblas, a la playa de Castelldefels, a la montaña de Monserrat y algunos paseos por el casco viejo de Barcelona.
La vida aquí aunque en verano y como turista, es diferente, la cantidad de cosas, lugares y gentes tan distintas que hay es asombroso. Me gusta Barcelona aunque echo ya de menos los ensayos con las guitarras y la batería de los colegas Ángel, Juanfran, Uli, Vicente y Ne. Echo de menos las tertulias y las historias con Claudio, Mode, Raúl, Juan Boro, Vanesa…seguro que se me olvida alguien. Echo de menos a mi hijastro Javi, a mis perros…también a mis padres, mis hermanos, mis cuñadas, mis sobrinos…Pero aquí se está muy bien, esto es otra historia. Si pudiera me quedaría a vivir aquí aunque de vez en cuando añorara Gran Canaria. Si encontrase trabajo aquí me parece que me iba a nacionalizar catalán jijijijijii, esto es la entrada a Europa y se nota. He visto verduras que no sabía que existían, pescados, frutas. Es que hay tal cantidad de cosas que uno se puede perder todo el día viendo el mercado central que está junto a las ramblas de Barcelona ciudad. Pero ya sabéis que el deber me llama, Arucas no sería la misma si un vigilante de mercadillos tan especializado en rascarse la barriga como yo… ¿o sí?
Saludos desde la península Ibérica para tod@s los que participan y leen esta página.
La vida aquí aunque en verano y como turista, es diferente, la cantidad de cosas, lugares y gentes tan distintas que hay es asombroso. Me gusta Barcelona aunque echo ya de menos los ensayos con las guitarras y la batería de los colegas Ángel, Juanfran, Uli, Vicente y Ne. Echo de menos las tertulias y las historias con Claudio, Mode, Raúl, Juan Boro, Vanesa…seguro que se me olvida alguien. Echo de menos a mi hijastro Javi, a mis perros…también a mis padres, mis hermanos, mis cuñadas, mis sobrinos…Pero aquí se está muy bien, esto es otra historia. Si pudiera me quedaría a vivir aquí aunque de vez en cuando añorara Gran Canaria. Si encontrase trabajo aquí me parece que me iba a nacionalizar catalán jijijijijii, esto es la entrada a Europa y se nota. He visto verduras que no sabía que existían, pescados, frutas. Es que hay tal cantidad de cosas que uno se puede perder todo el día viendo el mercado central que está junto a las ramblas de Barcelona ciudad. Pero ya sabéis que el deber me llama, Arucas no sería la misma si un vigilante de mercadillos tan especializado en rascarse la barriga como yo… ¿o sí?
Saludos desde la península Ibérica para tod@s los que participan y leen esta página.
jueves, 13 de agosto de 2009
Viaje a México. La llegada. 1ºparte
Mi vieja máquina digital Kodak recogió más de mil fotos de aquel viaje de un mes de duración. Yo soy de esos a los que les gusta inmortalizar cualquier rincón eterno o rostro sonriente; un monumento memorable o una catedral majestuosa. Siempre me quedará la primera imagen de una ciudad envuelta en nubes de polución, delincuencia, arte y vida. Me acompañaban los nervios, danzando alegremente en mi estómago encogido. Mi destino era lo desconocido, lo nuevo, lo americano. Es una de las ciudades más grandes del mundo: México D.F.

La primera vez que la divisé, a lo lejos, desde la ventanilla del avión, supe de su inmensidad y grandeza. En las afueras de la ciudad, campos gigántescos rodeados de lagos mostraban los cultivos eternos, las casas de campo y las fábricas. La ciudad y sus alrededores, antiguamente un conjunto de lagos, está rodeado de montañas. La primera vez que Hernán Cortés divisó la inmensa laguna, supo que aquel era el lugar deseado a conquistar. Era el paraíso terrenal.
El avión aterrizaba después de 12 horas de vuelo procedente de Madrid. Estaba ensimismado, aturdido y nervioso. Nos pusieron tres películas a las que a penas puse atención. Intenté concentrarme en la lectura de un libro pero fui incapaz de leer más de dos páginas. La comida era buena y la atención exquisita, te daban café o dulces entre las comidas y por lo demás, el comportamiento en el avión fue fantástico.Recuerdo a un grupo de turistas franceses, contentos, sedientos de un buen tequila y unos tacos al estilo auténtico, con su sabor original e inconfundible.

Es curiosa la sensación que da ver México tan lejano, descrito de tantas maneras, con noticias de asesinatos y luchas entre narcos por el poder de la droga. Ahora estás aquí, lo vives, lo hueles y lo sientes. Ya no eres espectador sino protagonista, eres visitante y formas parte de la inmensa urbe. Los mexicanos, por lo que descubrí, son agradables y hospitalarios, te reciben con los brazos abiertos, y una sonrisa clara. Siento mucha pena al pensar que, con las noticias desagradables sobre drogas y delincuencia, no se descubra y se cuente el verdadero rostro de México: sus gentes, su colosal y hermosa cultura, su artesanía y su colorido. La voz del comandante dando la bienvenida me sacó de un letargo existente desde la salida de España. Rellenamos los papeles de rigor por el tema del terrorismo mientras abajo aún se divisaba la línea costera del pacífico.
Aterrizamos sobre las 18.00 de un día del mes de octubre del año 2006. El aeropuerto, que está en medio de la ciudad, nos recibió con el aroma fuerte de un tequila y el sabor inconfundible de un chile picante. Era "sabor a México". Al recoger el equipaje, advertí la carencia de los mexicanos en el rostro de un chico que te ayudaba a colocar las maletas desde la cinta transportadora al carrito por el módico precio de unos miserables pesos. Su miraba suplicante advertía el primer signo de pobreza que viví en el país. Vanessa, generosa y agradecida, le dio cinco euros, que al cambio, le iba a suponer 70 pesos: un día de comida, algún refresco y hasta cigarros.
La aduana no nos puso muchos problemas y salimos a conocer a la familia de Vanessa. Llantos de alegría, abrazos y besos me subieron en una nube de felicidad. Las voces, tan bien conocidas desde el teléfono, se escuchaban reales, con ese acento marcado típico de la ciudad y nada que ver con el exagerado acento que los anuncios muestran falsamente.Luego cambiamos en el mismo aeropuerto unos 100 euros. Sabiendo la cantidad de chorizos existentes en el mismo, estuvimos vigilantes mirando rostros peligrosos, pero no hubo ningún problema: éramos diez personas. Un señor, cargado con un carro enorme nos transportó las seis maletas hasta la salida.

Le dimos unos pesos y fue contento y agradecido. Se pidió un taxi, de confianza, y cargamos las maletas y las ganas de conocernos. Todo estaba perfumado con un olor a nuevo, a desconocido. Nos recibió una tormenta tropical como nunca había visto en España. Truenos y relámpagos se mezclaron con las indicaciones al taxista y las risas de todos en la parte trasera. Y así, a primera vista, fui descubriendo una ciudad de casas viejas, muros pintados de reindivicaciones y protestas y distancias demasiado largas para un isleño.
La ciudad vista desde un coche me causó una impresión que era parecida a las películas sudamericanas: el ambiente callejero, los rostros morenos con nariz achatada, la baja estatura y los ojos almendrados. Aquí se vivió el esplendor de Technotitlan: la gran ciudad azteca, centro de una de los pueblos americanos más poderosos antes de la conquista española: Los Mexicas.

En los sucesivos días, aprendí las técnicas de prevención de riesgos en la ciudad: cámara, dinero y llaves en el bolsillo delantero; pantalón vaquero viejo y zapatillas de deportes; camisa normalita y preferentemente (así lo decidí yo) sin afeitar, para pasar desapercibido. Yo, con mi rostro de piel blanca, nariz afilada y ojos verdes, era el blanco perfecto para un robo. Con este optimismo y esta alegría, visitamos lugares emblemáticos como, por ejemplo, "El Ángel de la Independencia", "El Zocalo Capitalino" y "El Auditorio Nacional".¡Menuda riqueza artística tiene la ciudad! Me conmovió, me encantó y me enamoró.Después de varios días de idas y venidas en un asfixiante metro de paradas y distancias eternas; viajes en microbuses destartalados, repintados y a punto de caer en curvas peligrosas cogidas a gran velocidad; taxis comprimidos (bochitos: el escarabajo de Volkswagen) y paseos interminables en mercadillos kilométricos, aprendí a estresarme y agobiarme en una ciudad que respira magia y colorido por todas sus calles. Incluso, en las partes turísticas, está la policía turística, dedicada exclusivamente a proteger al visitante.
salvedad que debe ser dicha:
Todo es prevención, únicamente. Yo llegué desconociendo la ciudad, contaminado por las noticias y los rumores ignorantes de muchos, aunque Vanessa ya me tranquilazaba en repetidas ocasiones. Cuando pasas un tiempo en esta mole inmensa, todos esos fantasmas creados en la lejanía, desaparecen por sí mismos. Por ello, me fui tranquilo sabiendo que al volver a la capital mexicana, no tendría ese pánico a lo desconocido y a lo maltratado injustamente. Nunca tuvimos problemas con nadie ni vimos siquiera, robos ni asaltos. Decir que los mexicanos honrados, que son casi todos en su mayoría, están hartos y cansados de tanta imagen donde la droga y los asaltos o los secuestros, muestran lo feo de un país demasiado hermoso.
Foto 1: Technotitlan, la gran ciudad azteca. Actualmente: México D.F.
Foto 2: Vanessa, Eduardo y yo en el Palacio Nacional situado en el Zócalo Capitalino.
Foto 3: Catedral de México en el Zócalo Capitalino.
Foto 4: Ángel de la Independencia en el Paseo de la Reforma.
-------
Si me animo a escribir otra página de este diario de viajes, les contaré mi paso por dos de los barrios más peligrosos de la ciudad, la experiencia en las horas puntas del metro (con empujones y todo) y la artesanía mexicana: rostros aztecas, piedra del sol...
También el paso por el museo de antropología, el castillo de Chapultepec o el museo de la revolución, donde Pancho Villa y Emiliano Zapata están representados con los uniformes que cargaron en la revolución mexicana. Y por supuesto, la vista de casi toda la ciudad desde la torre latinoamericana. Y espero, esmerarme más en el lenguaje.

La primera vez que la divisé, a lo lejos, desde la ventanilla del avión, supe de su inmensidad y grandeza. En las afueras de la ciudad, campos gigántescos rodeados de lagos mostraban los cultivos eternos, las casas de campo y las fábricas. La ciudad y sus alrededores, antiguamente un conjunto de lagos, está rodeado de montañas. La primera vez que Hernán Cortés divisó la inmensa laguna, supo que aquel era el lugar deseado a conquistar. Era el paraíso terrenal.
El avión aterrizaba después de 12 horas de vuelo procedente de Madrid. Estaba ensimismado, aturdido y nervioso. Nos pusieron tres películas a las que a penas puse atención. Intenté concentrarme en la lectura de un libro pero fui incapaz de leer más de dos páginas. La comida era buena y la atención exquisita, te daban café o dulces entre las comidas y por lo demás, el comportamiento en el avión fue fantástico.Recuerdo a un grupo de turistas franceses, contentos, sedientos de un buen tequila y unos tacos al estilo auténtico, con su sabor original e inconfundible.
Es curiosa la sensación que da ver México tan lejano, descrito de tantas maneras, con noticias de asesinatos y luchas entre narcos por el poder de la droga. Ahora estás aquí, lo vives, lo hueles y lo sientes. Ya no eres espectador sino protagonista, eres visitante y formas parte de la inmensa urbe. Los mexicanos, por lo que descubrí, son agradables y hospitalarios, te reciben con los brazos abiertos, y una sonrisa clara. Siento mucha pena al pensar que, con las noticias desagradables sobre drogas y delincuencia, no se descubra y se cuente el verdadero rostro de México: sus gentes, su colosal y hermosa cultura, su artesanía y su colorido. La voz del comandante dando la bienvenida me sacó de un letargo existente desde la salida de España. Rellenamos los papeles de rigor por el tema del terrorismo mientras abajo aún se divisaba la línea costera del pacífico.
Aterrizamos sobre las 18.00 de un día del mes de octubre del año 2006. El aeropuerto, que está en medio de la ciudad, nos recibió con el aroma fuerte de un tequila y el sabor inconfundible de un chile picante. Era "sabor a México". Al recoger el equipaje, advertí la carencia de los mexicanos en el rostro de un chico que te ayudaba a colocar las maletas desde la cinta transportadora al carrito por el módico precio de unos miserables pesos. Su miraba suplicante advertía el primer signo de pobreza que viví en el país. Vanessa, generosa y agradecida, le dio cinco euros, que al cambio, le iba a suponer 70 pesos: un día de comida, algún refresco y hasta cigarros.
La aduana no nos puso muchos problemas y salimos a conocer a la familia de Vanessa. Llantos de alegría, abrazos y besos me subieron en una nube de felicidad. Las voces, tan bien conocidas desde el teléfono, se escuchaban reales, con ese acento marcado típico de la ciudad y nada que ver con el exagerado acento que los anuncios muestran falsamente.Luego cambiamos en el mismo aeropuerto unos 100 euros. Sabiendo la cantidad de chorizos existentes en el mismo, estuvimos vigilantes mirando rostros peligrosos, pero no hubo ningún problema: éramos diez personas. Un señor, cargado con un carro enorme nos transportó las seis maletas hasta la salida.
Le dimos unos pesos y fue contento y agradecido. Se pidió un taxi, de confianza, y cargamos las maletas y las ganas de conocernos. Todo estaba perfumado con un olor a nuevo, a desconocido. Nos recibió una tormenta tropical como nunca había visto en España. Truenos y relámpagos se mezclaron con las indicaciones al taxista y las risas de todos en la parte trasera. Y así, a primera vista, fui descubriendo una ciudad de casas viejas, muros pintados de reindivicaciones y protestas y distancias demasiado largas para un isleño.
La ciudad vista desde un coche me causó una impresión que era parecida a las películas sudamericanas: el ambiente callejero, los rostros morenos con nariz achatada, la baja estatura y los ojos almendrados. Aquí se vivió el esplendor de Technotitlan: la gran ciudad azteca, centro de una de los pueblos americanos más poderosos antes de la conquista española: Los Mexicas.
En los sucesivos días, aprendí las técnicas de prevención de riesgos en la ciudad: cámara, dinero y llaves en el bolsillo delantero; pantalón vaquero viejo y zapatillas de deportes; camisa normalita y preferentemente (así lo decidí yo) sin afeitar, para pasar desapercibido. Yo, con mi rostro de piel blanca, nariz afilada y ojos verdes, era el blanco perfecto para un robo. Con este optimismo y esta alegría, visitamos lugares emblemáticos como, por ejemplo, "El Ángel de la Independencia", "El Zocalo Capitalino" y "El Auditorio Nacional".¡Menuda riqueza artística tiene la ciudad! Me conmovió, me encantó y me enamoró.Después de varios días de idas y venidas en un asfixiante metro de paradas y distancias eternas; viajes en microbuses destartalados, repintados y a punto de caer en curvas peligrosas cogidas a gran velocidad; taxis comprimidos (bochitos: el escarabajo de Volkswagen) y paseos interminables en mercadillos kilométricos, aprendí a estresarme y agobiarme en una ciudad que respira magia y colorido por todas sus calles. Incluso, en las partes turísticas, está la policía turística, dedicada exclusivamente a proteger al visitante.
salvedad que debe ser dicha:
Todo es prevención, únicamente. Yo llegué desconociendo la ciudad, contaminado por las noticias y los rumores ignorantes de muchos, aunque Vanessa ya me tranquilazaba en repetidas ocasiones. Cuando pasas un tiempo en esta mole inmensa, todos esos fantasmas creados en la lejanía, desaparecen por sí mismos. Por ello, me fui tranquilo sabiendo que al volver a la capital mexicana, no tendría ese pánico a lo desconocido y a lo maltratado injustamente. Nunca tuvimos problemas con nadie ni vimos siquiera, robos ni asaltos. Decir que los mexicanos honrados, que son casi todos en su mayoría, están hartos y cansados de tanta imagen donde la droga y los asaltos o los secuestros, muestran lo feo de un país demasiado hermoso.
Foto 1: Technotitlan, la gran ciudad azteca. Actualmente: México D.F.
Foto 2: Vanessa, Eduardo y yo en el Palacio Nacional situado en el Zócalo Capitalino.
Foto 3: Catedral de México en el Zócalo Capitalino.
Foto 4: Ángel de la Independencia en el Paseo de la Reforma.
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Si me animo a escribir otra página de este diario de viajes, les contaré mi paso por dos de los barrios más peligrosos de la ciudad, la experiencia en las horas puntas del metro (con empujones y todo) y la artesanía mexicana: rostros aztecas, piedra del sol...
También el paso por el museo de antropología, el castillo de Chapultepec o el museo de la revolución, donde Pancho Villa y Emiliano Zapata están representados con los uniformes que cargaron en la revolución mexicana. Y por supuesto, la vista de casi toda la ciudad desde la torre latinoamericana. Y espero, esmerarme más en el lenguaje.
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