Mostrando entradas con la etiqueta libreria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libreria. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de enero de 2013

"La Maldición de Hilena", de Rayco Cruz


Esta misma mañana me acerqué a la librería “Sueños de papel"para poner al día un asunto relacionado con unos libros de segunda mano que tenía pendiente. Me acerqué al mostrador y cogí entre mis manos un tomo bastante voluminoso del que me atrajo mucho el título, "La maldición de Hilena", y su ilustración de portada. Cual fue mi sorpresa cuando me enteré de que a su autor, Rayco Cruz, lo tenía justo delante abriendo mi ficha de cliente en el ordenador. Le felicité por la edición, tarea épica en los tiempos que corren, y mantuvimos una corta pero animada charla sobre algunos autores de literatura fantástica, género del que confesé no ser un gran conocedor, y del mundo editorial en general.
Antes de abandonar la tienda, con un ejemplar de “After Dark” de Murakami, en inglés a muy buen precio en la mano, le prometí a Rayco Cruz dos cosas: Comentar la publicación de su novela en nuestro blog -su segunda novela de fantasía en realidad, pues indagando un poco su primera novela se titula "La sombra de Pranthas"-, y volver la semana próxima para comprar su trabajo, llevármelo firmado y, como no, disfrutar su lectura.

Por cierto, “Sueños de papel” está en la Av. Pintor Felo Monzón, 32 Ed.10, Loc,5, y su pagina web es:


Dejo el link de la novela “La Maldición de Hilena”, de Rayco Cruz,



R.M.V.

martes, 26 de enero de 2010

La mía...

Como dije ayer, comentando el artículo de Claudio en el que nos enseñaba sus atestadas estanterías, mi colección no es muy grande pero sí tiene muchos de los títulos que me han interesado y que han conseguido, año tras año, un aumento considerable de dioptrías. Creo que empecé a coleccionar y hacinar libros así como a los 15 o 16 años, cuando tuve mi propio espacio en casa de mis padres (durante muchos años dormí junto a mi hermano). Compré mi primera estantería en Muebles el Mirón y en poco tiempo los estantes cedieron. Siempre he tenido el vicio de comprar libros de segunda mano. Al principio los compraba en el Rastro de Santa Catalina cerca del Castillo de La Luz, a diez y veinte duros los de tapa dura. Distintos préstamos sin devolución y el continuo ajetreo de las mudanzas ( nueve casas en ocho años) acabaron con muchos de ellos olvidados, perdidos y unos treinta o cuarenta que con todo el dolor del mundo terminaron en la basura una lluviosa tarde de octubre – pasaron dos años empaquetados en el garaje de una amigo y la humedad hizo estragos-. Otra cosa que me apasiona es llenar las estanterías con fetiches, fotos, recuerdos de viajes, figuras de colección… media vida (de los 16 años a los 33) amontonándolo todo sin orden ni concierto. en casa de mis padres quedó una pequeña colección de juventud que heredó mi hermano y que miro con cariño siempre que los visito. Últimamente compro pocos libros. Los préstamos e intercambios han conseguido que en mi pequeño piso no se sobrepasa el límite recomendado por las autoridades del feng shui. Y mi alergia al polvo me lo ha agradecido (casi) desapareciendo.

Sigue pendiente conseguir visitar la casa de ese conocido de Ángel (cómo se llamaba… sí, éste…) que atesora – no eran 7 mil, Claudio- unos 14 mil libros (¿en el siguiente escrito serán 21 mil?). Me imagino entrando en esa casa con el mismo asombro y parsimonioso paso de Daniel Sempere atravesando el Cementerio de los Libros Olvidados









domingo, 24 de enero de 2010

Los siete mil libros...

 El otro día, en la reunión de Hedonistas, entre otros temas de conversación, salió uno que me llamó profundamente la atención. Un conocido de Angel, dice tener una amplia bibliteca con más de siete mil ejemplares en las estanterías. Un oooh de admiración y devoción recorrió la mesa del bar, por encima de cervezas y chipirones. Todos hicimos recuento mental de los libros que tenemos en casa, y a ninguno nos llegaba la cifra astronómica de este librófilo. Habría que contar los que tiene la Casa de la Cultura, porque yo creo que ahí andan, libro más, libro menos. Entre todos los asistentes, el que ganaba por poco era yo. Pero hay que recordar que yo vengo atesorando libros desde los ocho años. Y ya tengo casi....un montón de años. El último recuento que hice, tiempo ha, fue de unos mil libros. Bastante alejado de los siete mil, que podemos casi considerar de guinness. Nuestra admiración no tiene límites para con este coleccionista. Nos planteamos la situación, de si querría prestarnos algunos de sus libros, poder acceder a esa biblioteca para pasar nuestros envidiosos ojos por las tapas de los libros. Los imaginamos perfectamente ordenados tras unas estanterías con puertas de cristal. Pero alguien los imaginó amontonados por todos los rincones de la casa, sin orden ni concierto, apilados de cualquier manera, cogiendo polvo. Me vino a la memoria la librería Lisema, de libros de segunda mano en Las Palmas. Todos esos libros amontonados en precario equilibrio que parecen gritar desesperados porque alguien los saque de allí y los integre en una buena librería. En este último caso, sería un problema caminar por la casa, esquivando montones de libros por todos lados. Con los muebles arrimados contra la pared, mesas bloqueando el camino, sillas cubiertas de tomos de incunables, una especie de laberinto del librotauro. Y nosotros deshilando las hebras que Ariadne nos arrojó antes de entrar en la Cueva del Librero.

  Fantasías aparte, me gustaría visitar esa casa y ver con mis propios ojos ese buen monton de libros, porque siete mil libros son muchos libros. No se si los habrá leido todos, pero en cualquier caso, igual no se da cuenta si nos llevamos un par de libros camuflados en el interior de nuestras chaquetas.

  Aqui van unas fotos de mi biblioteca. Si hay unos mil libros, siete mil deberían cubrir una extensión más o menos equivalente a cinco o seis habitaciones como esta, dependiendo del nivel de amontonamiento que se tenga. Al final he conseguido que me dejen montar una estantería en el salón, así que ya tengo terreno por donde expandirme.