jueves, 17 de mayo de 2012

De tempranos recuerdos


El fue el primero en abrirnos los ojos
a través de los suyos
rojos
por los que expulsaba el humo.
Nos describió el sabor de los besos
más reales que en nuestras manos
y del coño negro de Ana.
Fue el primero en enseñarnos el mundo
distinto al nuestro
el suyo
el admirado
el único en aquellos días.
En sus uñas negras olimos el placer,
y en los huecos de su boca conocimos
 el dolor.
Nos relató cómo era el amanecer de un sueño
y las noches blancas
que terminaban en fríos portales
de granito.
Murió
agotado
herido 
enfermo
y desgastado
con las manos de un viejo treintañero
llenas de anillos de calaveras
tan feas como la suya
macilenta
aunque sonriente.

1 comentario:

Ángel Díaz dijo...

me gusta y mucho, vuelven las musas y las glorias ^_^ bien por eso...