domingo, 5 de julio de 2009

Vike


Nuevo relato de Hellawaits


Pesadamente, Arturo abrió los ojos al escuchar el lacerante sonido del despertador de su móvil. Su cabeza se había convertido en un infierno de punzadas dolorosas y la tenue luz que se filtraba por la ventana conseguía hacerle creer que se le derretía el cerebro. Al incorporarse lentamente, se dio cuenta que estaba completamente desnudo y de que sus músculos eran atravesados también por un terrible dolor. Miró hacia el otro lado de la cama esperando encontrar a alguien pero estaba solo y no recordaba si había habido alguien durante la noche. Solo tras unos segundos logro percibir el penetrante y embriagador aroma a perfume que se ocultaba entre las sábanas, pero era incapaz de recordar la cara de la mujer con la que al parecer había compartido la nocturnidad con él. Tan solo el esfuerzo de movilizar sus machacadas neuronas en busca de una cara para ese perfume le apuñalaba el cerebro. Se levantó muy despacio y se dirigió al baño y justo en la puerta se dio cuenta de que esta estaba entreabierta dejando salir un halo de luz, humedad y el sonido de la ducha. Temerosamente abrió la puerta en busca de respuestas para llenar el tremendo agujero negro de su memoria reciente. -¿Hola?‑ su voz sonó insegura y torpe, muy diferente a la voz que le contesto, tras la cortina, envuelta en una brisa calurosa y que le puso la piel de gallina. – buenos días, ¿has descansado?- Arturo aguzaba la vista para, a través de la cortina, intentar adivinar los trazos de la silueta que le hablaba. – No demasiado, la verdad. Además no recuerdo nada de lo que paso anoche y no me siento muy bien. Ni siquiera te recuerdo, lo siento. ¿Quién eres?- el agua dejo de caer, una mano salio de detrás de la cortina para coger la toalla y de repente la cortina voló hacía un lado dejando al descubierto el cuerpo desnudo de aquella voz. Arturo se quedó congelado mirando aquellos ojos pardos que lo mantenían inmovilizado. Solo cuando ella salió de la bañera, se interrumpió por un momento el hechizo y se concentro en estudiar por completo aquel cuerpo de diosa helénica sin nombre que le había arrebatado el alma con solo mirarlo y que de habérselo pedido, le habría dado su vida en ese mismo instante…

Ella lejos de ruborizarse no escondía ninguno de sus múltiples encantos. Estaba dotada de un cuerpo que bien podría haber sido esculpido por el mejor de los escultores clásicos, o al menos así le pareció a Arturo, que intentaba desesperadamente aclarar su cabeza e intentar centrarse en lo que acontecía en su baño a tan temprana hora. – ¿En serio no recuerdas nada? No te preocupes, lo hemos pasado muy bien.- su voz emanaba una calidez y la sonrisa que acompañaba a sus palabras tenía la cualidad de dejar a Arturo petrificado y en un estado de hipnosis digno de una hechicera. En su interior Arturo luchaba por soltar las ataduras que la voz y el cuerpo de la extraña divinidad que se había materializado en su baño ejercían sobre el y tras unos eternos segundos en los que el silencio les hizo de banda sonora, consiguió regresar de su mutismo. –Lo siento mucho...- intentó en vano recordar su nombre pero decidió que si no recordaba haber pasado la noche con ella, su nombre seria la mayor quimera del ser humano. –lo siento, pero no recuerdo tu nombre, y de nuevo siento no recordarte pero no se que ha podido pasar para que no recuerde nada. Y me sabe fatal por que alguien como tu es imposible de olvidar.- decía esto recorriendo su cuerpo de arriba abajo como si fuese un artista admirando una hermosa obra de la naturaleza. Ella a su vez le sonreía complacida y al parecer algo divertida de la situación y del rubor de Arturo. – no te preocupes, lo de anoche fue algo extraño, no es culpa tuya, creo que nos pasamos un poco con las copas y el hashish- mientras hablaba continuaba secándose lentamente sabiendo que Arturo la devoraba con la mirada, pero mas allá de la pura lujuria y los básicos instintos. Sabía que lo tenía completamente atrapado y ella también lo estaba ya que la noche anterior había sido igual de extraña para ella también.- por cierto y para refrescarte la memoria me llamo Victoria. Es un placer.- y le extendió su mano derecha a modo de cortesía acompañada de una sonrisa tan maravillosa que a Arturo le pareció que el sol acababa de bajar a su baño y le estaba derritiendo los ojos. – “Victoria…”- murmuró mientras le aceptaba la mano y se la estrechaba con dulzura y pasión a la vez, era un nombre precioso y le iba como anillo al dedo ya que le había dejado completamente derrotado.- Victoria”.- Arturo era consciente de que no sabia que decir ni que hacer y que estaba completamente a merced de aquella aparición tangible que le daba la mano y le sonreía mientras estaban los dos desnudos en el baño de su casa después de haber pasado una supuesta noche maravillosa de la cual no tenia ningún recuerdo. Desnudos...- OH dios, lo siento, he entrado mientras te duchabas y te he estado mirando y yo… desnudo y tu… OH, lo siento soy un idiota, perdona. – quería morir por ser tan estúpido de no haber reaccionado antes pero le había sido imposible. – No te preocupes, no tiene importancia, además hemos pasado la noche juntos en tu cama, ¿crees que tiene importancia que me veas desnuda ahora?- continuaba sonriendo y secándose mientras le miraba fijamente. Arturo la miro otra vez con un deseo no sexual sino el deseo de lo eterno, de no apartarse de ella jamás. – Me encantaría volver atrás en el tiempo para no tener esta laguna mental, en serio.- ella se incorporó colocó la toalla en el lavamanos echó su liso pelo castaño hacia atrás y le dedico otra soleada sonrisa que petrifico de nuevo a Arturo. Se acercó con la elegancia de una pantera y le rodeo con sus brazos acercándose a él hasta que sus pechos se hundieron en el pecho de Arturo, que había perdido la respiración a la vez que la sangre se le cristalizaba en las venas, y mirándole fijamente unos segundos le beso apasionadamente. Tras la eternidad, que se le antojo poca a Arturo, que duro el beso Victoria se retiro muy despacio aprovechando al límite el contacto y miro con sus ojos entornados a su petrificado amante. – no es necesario regresar atrás en el tiempo, cuando tenemos todo el tiempo del mundo por delante...- y le volvió a besar esta vez con mas pasión y con la ayuda de Arturo que se unió a la vorágine del placer del momento mientras pensaba que el paraíso se acababa de materializar en aquel cuerpo y de que aquella voz le daba oxigeno a sus pulmones mientras que sus labios le hacían morir de placer…




2 comentarios:

Juan G. Marrero dijo...

Vi...¿Vic....qué....? Me quedé en la ducha...¡Como Arturito...!

Karnak dijo...

uhmmmmmmmmmmm.............