jueves, 23 de diciembre de 2010

KO! Ley Sinde

Escribí este artículo en 2009 cuando la que en un futuro se llamaría “Ley Sinde” estaba recién hechita, acabadita de salir del horno y ya olía a quemado. No sé si lo llegue a colgar en el blog (lo he buscado en publicaciones anteriores pero…) o si lo hice en el antiguo Windows Live. El caso es que un año y medio después, y tras el varapalo conseguido por la ley hace unos días, sigo pensando lo mismo que escribí entonces; no cambiaría ni una palabra. Leyendo las declaraciones de la gente del entertainment system español, puedo estar de acuerdo en unas, y en otras me pierdo debido a su contradicción. Una de las opiniones que sí comparto ciento por ciento es la del director de cine Borja Cobeaga (no sé si llegue a recomendar su comedia “Pagafantas”), que dijo:"Lo más llamativo es que estamos en una época en la que se consume más audiovisual que nunca y los beneficiados no son los creadores, sino las empresas telefónicas y los teleoperadores. Existe una especie de defensa por parte de los usuarios por bajarse gratis música y cine y lo que están pagando es un dineral por tener la banda ancha en sus casas que les hace posible esas descargas ilegales. Me cuesta mucho culpar al usuario y no al que propicia todo esto, que son las grandes compañías".

Como digo en el artículo, este pastel es muy grande pero el que reparte se lleva la mejor parte

Ministra vs Internautas

El domingo por la tarde cambiaba impresiones cinéfilas con un amigo con el que comparto aficiones. Hablábamos de las películas que habíamos vistos últimamente; destripábamos con saña algunas y nos deshacíamos en elogios con otras. Recordamos en un momento de la conversación los años que frecuentábamos las salas del “Cine Monopol” un día sí y otro también, aprovechando la tarjeta abono- por 20 euros podíamos ver todas las pelis que nos apeteciera; festivales y retrospectivas-, y las tardes que pasábamos viendo algún clásico en la Filmoteca Canaria.

“The times they are a-changing”; como dijo Bob Dylan; y ahora vemos más películas que antes y hemos vuelto a engancharnos a series inglesas y norteamericanas – el “mejor cine” norteamericano se puede ver en este formato- que disfrutamos sin cortes publicitarios ni ventanitas de autopromoción que ocupan gran parte de la pantalla. La ADSL ha conseguido este bien para nuestras vidas. En ese momento salió el trillado tema de la batalla “internautas” y la Ministra de Cultura. Por lo que he escuchado y leído- y así se lo expresé a mi amigo- la señora Ministra no pretende chapar el chiringuito de las descargas alegales (sería una batalla, a priori, perdida) pero sí quiere que se repartan mejor los trozos del pastel. Yo ya pago la ADSL a Telefónica (muy cara y muy lenta), la luz a UNELCO- ENDESA (arbitrariamente por lo visto estos meses), y el canon digital por la compra de cualquier soporte que sirva para grabar. Bastante pasta me cuesta al mes mi afición al cine y a la música si sumamos estas facturas. Gasto dinero en mis hobbys- basta con entrar en mi casa y ver la librería atestada de libros y un par de estanterías más alicatadas de Cds y DVDs; las VHS pasaron a mejor vida, y eran muchas-. Con todo esto, queda claro que no me costaría pagar por las descargas, pero el problema es que es Telefónica la que se lleva el mejor trozo; el que tiene más nata y más chocolate. Claro que no me importaría pagarles (además de pasar por caja y llevarme a casa los packs de DVDs.) el porcentaje pertinente a los creadores de series como: “The Wire”, “Roma”, “Los Soprano” u “Oz,” por su trabajo y lo bien que me lo han hecho pasar; es más, los invitaría a cenar al restaurante de Arzak y, si me lo piden cortésmente, subiría a sus casas a tomar la última copa; o pagarle a Jim Jarmusch y a Hayao Miyazaki las películas que he visto en formato DVD Rip. Ese porcentaje de mi factura es el que no llega a estos creadores, y eso es lo que, al parecer, se quiere conseguir: que se maneje mejor este ingente negocio donde el intermediario parta y reparta: enlaces de pago bastante asequibles y de calidad primorosa. Mi amigo se opone al canon, y comparto su opinión: no voy a entrar en la evidente demagogia de que tratan como un delincuente a todo aquel que compre un cd, un dvd, un MP3 o un disco duro; pero si me molesta que la SGAE reparta los porcentajes recaudados y que algunos autores se embuchen parte de mi dinero cuando no he "pirateado", ni pienso, jamás, una obra suya. Los soportes para escuchar música o ver películas han cambiado, y el esfuerzo por ir con los tiempos tarda en llegar. El cine, en sala, también ha cambiado, y no estoy dispuesto a ver una película, que me cuesta 7 euros más que añadir al gasto que antes comenté, rodeado de parlanchines come palomitas y chupadores de dedos manchados de nachos con queso. Al cine no se va a comer. Llamadme snob, pero me irrita el ruidito del paquete de Monchitos y los comentarios adolescentes que pretenden ser graciosos. La última película que vi en el cine fue “The Spirit”, y el trato que se dio al doblaje fue patético. Me imaginé viéndola tranquilamente en mi casa, usando la opción V.O.S y disfrutando del mismo pestiño pero pagando un 10% de lo que solté en taquilla. En el salón de mi casa, con mi inversión en el LCD de 37 pulgadas y mi DVD HD con HDMI, disfruto como un enano; pero soy consciente de que este gusto hay que pagarlo, y en arreglar esta 13 Rue del Percebe digital están ellos. Un día escuché a alguien decir que su padre, gran melómano, le dijo una tarde que lo vio grabando un cd; “que eso no está bien, que para que ese señor siga creando obras que nos hacen disfrutar debe cobrar, o tendrá que dedicarse a otro trabajo para sobrevivir y no hará más esa música”. Estoy de acuerdo en que al artista se le debe retribuir, justamente, por su trabajo. Una escritora- con la que un tiempo compartí muchas conversaciones- me comentó que con sus ventas por medio de la editorial no llegaba ni a los 500 euros de beneficios al año, y que prefería venderlos ella misma auto-editándose. El resto del año vivía con lo que escribía por encargo para distintas revistas y blogs. "El intermediario, siempre el intermediario es el que mejor vive", me decía.

Los tiempos cambian, repito, y si aun no he abandonado el formato tradicional del libro (ni creo que lo haga aunque algunas ediciones me revientan las pelotas) si que he liberado bastante espacio de estuches de cds y dvds, comprimiendo el mismo cine que ocuparía metros de pared, en 250 GB.


R.M.V.



2 comentarios:

Juan G. Marrero dijo...

Totalmente de acuerdo contigo. Ahí van algunas direcciones sobre el tema que ya he enviado por e-mail a los amigos, excepto la de Isaac Rosa ( Público.es) que también es muy interesante.

22 figuras clave de la cultura respaldan la 'ley Sinde'
EL PAÍS 23/12/2010
http://www.elpais.com/articulo/cultura/22/figuras/clave/cultura/respaldan/ley/Sinde/elpepucul/20101223elpepucul_10/Tes

JUAN JOSÉ MILLÁS 23/12/2010
<>

Isaac Rosa
http://blogs.publico.es/trabajarcansa/2010/12/23/%c2%bftu-estas-con-los-creadores-o-con-los-internautas/

Claudio Ramírez dijo...

Esto da para un debate bastante amplio. Si bien estoy en contra de la ley Sinde por sistema, creo que habría que ampliar las miras para proteger la propiedad intelectual. A partir de ahí, ¿Se considera material intelectual una película española? ¿truños infumables ejecutados con mis aportaciones tributarias? ¿Se considera material intelectual protegible la música perpetrada por operaciones truño y otros productos artificiales de mercadotecnia discográfica?