lunes, 22 de junio de 2009

Encuentro hedonista

De izquierda a derecha: Ángel, Modesto, Claudio y Raúl.
En la silla vacía, estuvo un somnoliento Juan Boro.
Perdón por no haber hecho la foto antes, cuando estábamos todos, pero se me pasó.
Aquí les dejo la foto de cuatro de los cinco hedonistas que estuvimos el sábado
reunidos en una terraza de una calle histórica de Arucas. Un buen samaritano nos hizo
la foto con mano temblorosa, por eso la calidad de la imagen no es la mejor ni la que
hubiésemos deseado. La próxima vez llevaré la cámara de fotos.
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Breve crónica del encuentro

Un sábado de calor sofocante reunió a cinco de los hedonistas de este blog en una
pequeña terraza. Nos asamos de opiniones, nos sofocamos de pareceres y nos
achicharramos de consejos, gustos e ideas. Nos sentíamos reyes de un palacio donde
las corrientes de aire que paseaban por aquella calle no sólo daban título al fenómeno
del momento.
Recorrimos mundos épicos: fuimos caballeros, reyes y hasta hobbits. Fuimos héroes de
comics, ayudamos en la construcción de La Catedral del Mar, visitamos el Brooklyn de
Auster, hackeamos junto a Libeth en su Macbook y visitamos el cementerio de los
libros olvidados junto a Sempere e hijo.

Stieg estuvo más que nunca con nosotros. Se sentó en varias ocasiones mientras
desmenuzábamos su trama e intentábamos desvelar el contenido de su reina. Casi
hicimos que funcionara el dichoso ascensor roto por el infortunio o el azar del destino y que dio, paso tras paso, en aquella maldita escalera, con la muerte prematura de Larsson.

Incluso pasó por allí, corriendo y vestido de triatleta, el señor Murakami. Pasó junto a
nosotros, recogió su botella llena de agua fresca de elogios y merecimientos por todas
sus historias niponas occidentalizadas, y volvió a su carrera y a su ritmo rumbo a 1984.

Un hedonista somnoliento nos dejó a las tres horas. Buscaba el descanso necesario
para estar bien despierto y ver los goles de España. Nos regaló frases filosóficas y
diagnosticó la adicción de Larsson.

Vimos al clon de Rafa, a viejos y no tan viejos jugando al envite y a las nubes, que
hicieron acto de presencia a media tarde para refrescarnos de un sol que empezaba a
mirar a otros lugares y a otras gentes.

Críticas literarias y buenas recomendaciones amontonan más libros para leer,
opiniones dispares sobre películas y música se almacenan en el disco duro de nuestro
cerebro para ojear en una futura y obligada sesión cinéfila; croquetas, croissants y
sandwichs llenaban nuestros estómagos; cervezas, whiskies y refrescos apagaban
nuestra sed; filosofía que ilumina la oscura ignorancia de nuestras mentes, discusiones
y risas que colman de satisfacción y gozo nuestro espíritu hedonista.

Cinco horas que fueron un suspiro de cinco segundos. Cinco horas, que dieron para
tanto como supieron a poco. Cinco horas, donde no hubo ni un silencio.
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Aquí les dejo mis impresiones, de las que me acuerdo, porque se habló mucho. Ya
estamos comentando que estas reuniones deben ser más seguidas, cada dos semanas
mas o menos. Desde aquí se invita a cualquiera a acudir para que cuenten únicamente lo que quieran contar.

6 comentarios:

Raúl M.V. dijo...

Chapeau, Mode!!
Sí,Sí. Cuántas historias, vidas y viajes desde aquella mesa(y sin despegar el culo). Lástima que el fotógrafo no fuera tan bueno como el cronista... ¿y a mí que me despistó?

Karnak dijo...

Una crónica estupenda, para relatar un encuentro estupendo, una tarde estupenda, en compañía de gente estupenda. Creo que estos encuentros debería repetirse cada 15 días.

Juan G. Marrero dijo...

¡Que mentirosillos...!
¡Alli lo único que se hizo fue beber cerveza y comer...!
¡Hedonistas que son unos hedonistas...!
¡Por ello puso Dante a Epicuro en el infierno...!

Satori dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Satori dijo...

Mode, ¡Fantástica! la crónica de la reunión...me gustó muchísimo, hay que ver cómo te sales. Ha sido un relato de los acontecimientos con un muy buen gusto…
Eché mucho de menos el no ir, y me gustaría como dice Karnak, poder reunirnos cada 15 días...
Me he quedado con los dientes largos coño.

José Mari dijo...

Qué buena tertulia. Es literariamente posible, así que la doy por cierta. Un saludo a todos.