lunes, 25 de enero de 2010

El Bazar de los Sueños

2º parte

"Pienso, luego existo".

Mientras empezábamos a sentir el espantoso vacío por la ausencia de nuestros amigos en la última noche, una voz embaucadora y sosegada convertía los alrededores del bazar en una gran plaza de erudición y canto a la naturaleza. Nuestro erudito, un hombre alto y grácil, ataviado con una toga inmaculada, un reloj bolsillo dorado y todo un mundo de sabiduría tras sus finas gafas, nos observaba atentamente al adentrarse en el bazar; mientras afuera, en la barandilla del parquecillo, un hombre de barba blanca y poblada que decía llamarse Sócrates, impartía, gracias a las agudezas de sus razonamientos y su facilidad de palabra, grandes conocimientos a todos los aruquenses que quisiesen preguntarse: ¿Quién soy?

Sereno y de mirada reflexiva, aunque ansioso por compartir sus conocimientos con el resto de hedonistas, se situó junto a nosotros, y nos manifestó, con aire nostálgico y después de una ausencia añorada:

-Siento de nuevo la verdad fluyendo por estos suelos y estas paredes. El tiempo y el espacio aquí no existen. Creo que en este lugar, amigos hedonistas, he hallado la puerta hacia la eternidad del saber y el motivo a nuestra existencia.-

Su cautivadora voz era una alfombra mágica que nos transportó al pasado, hasta los cielos de la Antigua Grecia. Nos guió por la Academia de Atenas, fundada por Platón. Nos sentamos a escucharlo a la sombra del olivar sagrado, para luego, conocer a su maestro, Epicuro, que nos aconsejó un mayor estudio de la naturaleza y una pérdida del temor a la muerte y a la ira divina, en la escuela que él mismo había fundado, y que se llamaba "Jardín".
Impresionados por la profundidad de sus meditaciones, nuestro sabio amigo, que en sus manos cargaba unas tijeras mágicas afiladas de sabiduría y estudio, cercenó nuestra corteza cerebral para enseñarnos los grandes secretos del cerebro, el pensamiento y la filosofía de la mente.
Mientras tanto, Sócrates, acompañado por su "ironía socrática" y consciente tanto de la ignorancia de los demás como la suya propia, razonaba con la gente de Arucas, haciéndoles ver el conocimiento real que tenían sobre las cosas, mientras, nuestro propio estudioso, escribía en las paredes del bazar las teorías sobre los placeres del cuerpo y del alma.
Y lejos llegaron las teorías de nuestro amigo porque, inesperadamente y sin aviso, el parquecillo comenzó a colmarse de muchos de sus ilustres amigos que, prestos y decididos, se mostraron ante un pintor llamado Rafael, en una peregrinación sin precedentes. Por fin, habían encontrado un lugar donde expresar sus ideas sin la terrible amenaza de los que imponían y mataban en nombre de Dios.

Salió presuroso, prometiendo volver. Luego lo vimos sentado en un escalón del parquecillo, justo debajo de Platón y Aristóteles, mirando al pintor, el cual inmortalizaba con Arucas como testigo y en uno de sus muros, a todos los filósofos, matemáticos y científicos más importantes de la antigüedad, en un fresco llamado "La Escuela de Atenas".



Al volver, un cambio repentino convirtió su sedoso rostro en un surco de nervios y preocupaciones. Al final, nos confesó:

-el ayuntamiento y D. Santiago me persiguen.-

En susurros nos reveló que la Inquisición había quemado a muchos de sus ilustres colegas y el ayuntamiento saqueado sus bolsillos como un vulgar ladrón callejero. Sintiendo casi el ardor de la hoguera y la ruina económica por parte del consistorio aruquense, valientes y decididos le aseguramos que el bazar está hormigoneado de libros, justicia y humildad, y que quién tuviese la gallardía de entrar en nuestro lugar sagrado, podría peligrar lo que ellos tan convencidos inculcaban, por la demostración de que en los escritos filosóficos se hallaban las claves de la única verdad. Y así quedó entre nosotros, esperando que esta vez fuese para siempre, y todo, porque su ausencia se hacía notar demasiado. Porque es y será siempre para nosotros:

"El Filósofo"

Y cuando nos preguntábamos porqué somos como somos, en las calles oscuras de Arucas se empezó a escuchar un rugido que hizo temblar el suelo empedrado de la calle, e hizo detenerse en su inspiración a nuestro ilustre poeta. Otro de los nuestros, acudía a su obligada cita.

3 comentarios:

Raúl M.V. dijo...

Queda confirmado que la inspiración de Mode no conoce límites; y que sus musas no quedaron atrapadas entre las cuatro paredes del "Bazar de los sueños".

Juan G. Marrero dijo...

Hablando con Epicuro me ha dicho que este chico lleva sangre de Onfray en sus venas...
Las musas vuelven a sentarse contigo Mode...

Satori dijo...

Desde luego que cada vez te superas más Mode, me ha gustado mucho, lo leí con tranquilidad y ahora si que si disfruté...