viernes, 3 de diciembre de 2010

"Pedro Páramo ya no vive aquí" de Paco Nadal

En primer lugar, gracias a Patri y Raúl, por regalarnos a Vanessa y a mi, el día de nuestra boda, este maravilloso libro de letras españolas y ambientes mexicanos. Es el regalo perfecto para una unión entre ambos países.



                                               Cada capítulo de esta apasionante aventura es un trozo del México violento y desconocido. Esa sociedad, la de la opulencia de "unos pocos", frente a la miseria de "unos muchos", está perfecta y magistralmente narrada por un periodista que se mete donde no le llaman.

Y es que nadie lo invitó a entrar en Chiapas cuando estalló la revolución de un enmascarado indígena llamado Subcomandante Marcos.

En este primer tramo de una carretera de palabras, y con un gran sentido del humor, Paco Nadal siente en sus carnes la desconfianza y despego de los indígenas chiapanecos, gentes sencillas hartas de la prepotencia de los españoles, que dura desde la colonización hasta nuestros días, y al que observan como un extranjero "que nada bueno trae".

Con una narración tan real que casi vives cada paso que el escritor camina, sigue, en el siguiente capítulo, desde la inmensa selva de Chiapas hasta la gran jungla de hormigón llamada Distrito Federal, y al que llama "La Locura de la Gran Megalópolis".
Personalmente, en el viaje que hice hace cuatro años, descubrí una vida dentro de otra vida. Me pregunté si nuestra existencia en Canarias es un chiste; y la vida real, que ninguna gracia le hace a cualquiera, se vive en el Distrito Federal.
Calles atestadas de distintas maneras de ganarse la vida, esperan que algún día ese sistema mal establecido sea juzgado por una nueva revolución que cambie la asfixiante situación en la que muchos viven.

Pero tal como van las cosas, si esperas a que todo cambie y se reparta la riqueza, o a que un nuevo "Pancho Villa" te solucione la vida y te sientas más seguro y te remuneren con sueldo digno; mejor espera sentado en una esquina, respira el humo contaminado, ensordécete con el tráfico y, ¡cuídese! porque si te levantas de la silla durante cinco segundos para saludar a un amigo, posiblemente ya no la vuelvas a ver.

Más tarde, su curiosidad lo lleva hasta el pueblo donde, supuestamente, lo escogió Juan Rulfo de ambiente para escribir una de las mejores novelas de la Literatura Universal: "Pedro Páramo".
Enmarcada la novela dentro del género del realismo mágico, Nadal va preguntando a algunos parroquianos si conocieron a Juan Rulfo. Unos dicen que lo vieron alguna vez; otros, que nunca pasó por allí; mientras algunos otros, comentan con orgullo que hasta lo conoció en persona cuando niño, y que vivió ahí hasta la juventud.
Sintiéndose inmerso dentro de la novela, entrevistó a otro escritor mexicano que sí lo conoció, y que lo recordaba sobretodo por su carácter huraño y cerrado.
Al final, me quedo con agradables experiencias vividas en este tramo del libro, pero no olvidaré el día en que alguien preguntó al escritor desaparecido:
¿por qué no escribe más novelas?
La respuesta de Juan Rulfo fue: ¡porque no me da la gana!.

En el siguiente capítulo tratan sobre la visita del periodista al pueblo de Pancho Villa: Chihuahua, donde descubre un personaje marcado por un duro pasado, de nombre Doroteo Arango, que se lanza a conquistar terreno de esclavos a revolucionar un país dominado por terratenientes explotadores y gobiernos corruptos hasta la médula.

En otra nueva historia, Paco Nadal señala en el mapa una línea ferroviaria, que lo transporta por el norte del país en "El tren de las barracas de cobre", uno de los dos ferrocarriles que aún sobreviven en el país, y que no descarrilan "de puro milagro".

Y así avanza hasta el último capítulo, "La Caza del Venado Azul" es la parte más humorística del libro. El escritor sentía curiosidad por la fama adquirida por la planta del "peyote", que únicamente la tierra lo regalaba en el desierto cercano al pueblo "Real de Catorce" y pocos sitios más. Dicho pueblo conoce muy bien esta planta alucilógena, que es destinada a usos medicinales y prácticas de espiritualidad, pero que muchas personas adquieren para "flipar" con sus efectos.

-Pues ya que estamos, ¿por qué no probarla?- diría el escritor antes de embarcarse a una aventura mística. Con tres personas más, y después de detallar el pueblo olvidado pero mágico de "Real de Catorce", se dirige hacia el desierto buscando la experiencia mística de este cactus tan difícil de encontrar.

No voy a contar lo que cada uno sintió, desde alucinaciones hasta vómitos, ganas de morir o de ver las estrellas como si las tuvieses ante tu rostro, o sentirse totalmente libre; pero sí, como al sentirse el periodista en un estado lamentable, llega como mejor puede al hotel, y   se acuesta.

Al despertar, la mejor parte estaba por llegar. Jamás en su vida parecía estar tan lúcido, así que sin darse cuenta, salió a borbotones esa historia que siempre tuvo en mente, y de la que al final dice, decidió que podría ser una buena historia para novelar. Se dedicó en cuerpo y alma a escribir todo lo que pudo en la habitación del hotel, y no salió hasta terminar el boceto. No vivió para otra cosa.
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NOTA: Dejar claro que lo leí hace bastante tiempo, que no recuerdo muchas cosas, salvo las necesarias, pero que más o menos esto es un breve y mal hecho resumen de una hermosa aventura a lugares donde nadie osaría meterse; donde nadie descubriría ningún interés; donde todo está abandonado; pero donde miles de historias desean ser descubiertas. Pero claro, no todos somos el genial "Paco Nadal".

En la próxima reseña, contaré las hazañas de un japonés que, al no tener nada mejor que hacer, se dedica desde primera hora de la mañana, a correr maratones y pruebas de triatlón.

2 comentarios:

Raúl M.V. dijo...

Mode, por la parte que me toca... de nada, camarada; y me alegra que esa novela, su lectura y esta reseña, te hayan devuelto a estas páginas. Esperamos la de Haruki, y sabes que este libro está pendiente de leer. Ya nos vemos y me lo pasas. Felicidades por el artículo y bienvenido de vuelta.

Claudio Ramírez dijo...

Despues de leer este artículo me han entrado ganas de leer el libro. Pedro Páramo lo leí cuando era niño, hace...la tira de años (no tantos). Me gustaría tener tiempo para releer todas esas lecturas que invariablemente nos remiten a esa niñez, cuando paladeábamos la realidad con la imaginación.