sábado, 10 de septiembre de 2011

Vicente Lorenzo

La amistad femenina me desconsuela,

pues ni siquiera me han besado.

El que nada tiene quiere lo máximo,

he de reconocer aunque me duela.


Una mirada furtiva

que golpea y enseguida esquiva

desata con desmesura increíble

esperanza y futuro imposibles.

¿Qué triste, no? Sí, mucho.


Nada me queda por hacer, salvo disfrutar

¡vamos, échame una mano¡

Que hasta una paloma lo hizo con tu madre…

Pero no, tienes que reírte en mi cara.


Lo siento, he sido un descarado,

¿pero qué es esto comparado

a la denigración sufrida

por las que yo más quiero en la vida?


No me prodigo en cursiladas,

pero ahí va una:

Quisiera ser un vagabundo

cuyo único consuelo en este mundo

fuese dormir bajo el puente que forman tus piernas.


Se ama lo ignoto y lejano

¡y tan lejano¡

Si tirase una cuerda infinita entre nosotros

se acabaría el infinito

y aún no estarías ni cerca.

3 comentarios:

Satori dijo...

Me gusta, jejjejjee que buenas frases hay aquí.

karnak dijo...

poesías en carne viva.

hellawaits dijo...

desgarradoras, directas y crudas o lo que es lo mismo, magníficas...